rogelio naranjo12112016ej02CIUDAD DE MÉXICO.- El caricaturista Rogelio Naranjo, falleció la noche de este viernes a causa de un paro cardiaco, informaron sus familiares. El deceso ocurrió a las 22:56 de la noche del viernes en un hospital de Lindavista. El artista se encontraba hospitalizado debido a una neumonía.

Publicó en diversas revistas y diarios desde 1965. Apenas en 2015 recibió un homenaje en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca y también recibió el Premio Nacional de Periodismo.

Por más de 45 años Rogelio Naranjo fue una de las plumas más finas y certeras para representar con su caricatura a México, sus campesinos y ciudadanos, sus contrastes y múltiples realidades, y sobre todo sus políticos: a punta de dibujo, Naranjo propinaba una venganza anhelada por buena parte de la sociedad mexicana.

Sin formación periodística, pero con la disciplina de quien cada mañana lee los periódicos y oye la radio, Naranjo trazaba dibujos que ‘le dictaban’ las noticias, procesos y sucesos. Era un observador de la realidad; crítico y fulminante no dejaba de narrar con sus líneas esa avidez de unos cuantos que producía el abandono de las mayorías.

Durante más de cuatro décadas elaboró más de 12 mil dibujos, buena parte de los cuales fueron donados a la UNAM en 2011. Esos dibujos constituyen una crónica de México en casi medio siglo tiempo: representan las crisis sexenales, las represiones, los olvidos de los políticos, sus célebres ocurrencias, el cinismo de ciertas primeras damas (probablemente no haya mejores retratos de Marta Sahagún que los hechos por Naranjo), las frustraciones de los campesinos y obreros, el abandono del campo, la transformación de la industria petrolera, la arbitrariedad de los líderes sindicales o el inapropiado, pero memorable gesto de un político.

Grandes empresarios ataviados con abrigo y sombrero, campesinos descalzos mirando hacia arriba; la sombra de un país. Ataúdes. A veces una imagen que resume un concepto. Es propio de su estilo.

En una entrevista, contó que al comienzo, en los años sesenta, no entendía tanto del cartón político, pero poco a poco fue dominando aquel género: “Hice algunas de López Portillo muchas, que para mí, son célebres; Salinas dio tanto para dibujar, tanto tema, y luego Fox… Si entiende uno bien el contrasentido de la forma de gobernar que existe en México, se dan unas situaciones de absurdo que forzosamente llevan a la risa, nada más hay que completarle con un dibujo. Empieza uno a formar un elenco de personajes en la imaginación, entonces aparecen los pobres, los famélicos, que podrían ser los campesinos, el campesino es una calavera para mí; luego, los obreros, tal vez algunos son elites, pero los pongo simplemente como pobres, con los ojos hundidos, claro, famélicos, pero no son calaveras”.

“Soy un hombre al que le tienen que sacar las palabras con tirabuzón porque no hablo, si hablara no sería caricaturista, me dedicaría a hacerla de merolico. La verdad es que no tengo en mi currículo ningún premio por haber sido muy elocuente; mis calificaciones en las escuelas, eran de cinco en todas las asignaturas, sólo en dibujo tenía diez”.

Así se describió el caricaturista en 2008, en la ceremonia de entrega del premio La Catrina, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Todo lo que tiene que decir, sabía expresarlo mejor con los dibujos. Libros, lápices, tintas, plumillas, una mesa de dibujante, periódicos, mucha luz en su estudio.

‘Batallar con la temblorina’ y no poder dibujar como antes por una degeneración macular, enfermedad en los ojos, no es lo único que le incomodaba; también resentía plasmar la violencia del México actual: “Me duele, voy a tener dentro de poco que tomar el papel y dibujar puras cruces, a pintar puros panteones. Estamos ante una situación muy crítica de descomposición social, donde el gobierno trata de salvar la situación con frases optimistas, siempre quitándose toda culpa; lo que hacen es rehuir el problema”, decía.

Al publicar en 2006 con Juan Villoro su libro “Me van a extrañar” con 360 cartones sobre los “seis años del desastre” que fue la presidencia de Vicente Fox, el escritor dijo acerca de Naranjo en el prólogo “De la dictadura perfecta a la caricatura perfecta”: “Nadie ha captado a los inquilinos de la Presidencia con la indeleble pericia de Rogelio Naranjo, pues sus dibujos dan cuenta de los rostros con lealtad artística, los cuales no se convierten en caricatura por sus gestos, sino por las circunstancias que actúan. Él, a diferencia de la mayoría de los dibujantes satíricos, no distorsiona los rasgos físicos en función del humor: los hombres públicos comparecen en sus cartones con insólito realismo”.

“Yo sigo trabajando con una tecnología muy primitiva, desde la plumilla, la tinta china y el papel”, decía Naranjo en una entrevista en 2011 después de que decidió donar sus dibujos a la Universidad Nacional. En todo caso agradecía las ventajas del correo electrónico que le permitían conservar sus originales.

Con formación académica en la Escuela Popular de Bellas Artes, de San Nicolás de Hidalgo, Rogelio Naranjo Ureño llegó a la ciudad de México a comienzos de los años sesenta. Rápidamente comenzó a hacer caricaturas en “El Día” y en “Siempre!”.

Conciencia crítica del país, Naranjo participó activamente en el Movimiento Estudiantil de 1968, para el cual creó sus pancartas. Con Eduardo del Río Rius, Helioflores y Emilio Abdala dieron vida a la revista de crítica política llamada La Garrapata. A lo largo de los años setenta trabajó en las redacciones de suplementos culturales, periódicos y revistas. En 1976 inició sus colaboraciones, que mantenía en EL UNIVERSAL y la revista 'Proceso'.

Su trabajo ha sido reconocido con premios como el Nacional de Periodismo, y primeros lugares bienales de Cuba y Nicaragua, así como en el certamen del World Press Cartoon.

A cada uno de los espacios donde trabaja lleva aquella premisa que dio vida a la revista “La Garrapata”, en 1968: entender “la tarea de la caricatura como algo político”.

El Universal / MM. 12/11/16