Detrás del intenso jaloneo político que hay en este momento en el Senado, está la fuerte presión del PRI, ordenada desde Los Pinos, para acelerar el nombramiento del fiscal anticorrupción, como condición necesaria para que después aprueben la Ley de la Fiscalía General de la República (FGR) que daría pie a la imposición de Raúl Cervantes Aguirre como el primer fiscal general. A los priistas les urge que eso quede aprobado antes del 15 de diciembre, fecha en que concluye el periodo ordinario.

Pero el PAN y el PRD ya se dieron cuenta de que, al negociar el nombramiento de Raúl Cervantes procurador y validar su nombramiento como fiscal, fueron engañados con “espejitos” al canjearles un cargo mayor de 9 años, por posiciones como las tres magistraturas electorales que les dieron (2 para el PAN y 1 para el PRD), además de la Fiscalía Anticorrupción, que originalmente sería para Fernando Gómez Mont, quien al darse cuenta de lo menor del cargo y las pocas facultades y recursos que tendría, tal como está la reforma actual, lo rechazó.

Porque, tal como está redactada la reforma actual, el fiscal anticorrupción queda sometido al nuevo fiscal general, es decir el priista Cervantes, además de que la ley, tal como está ahora, lo único que hace es transferir la actual Unidad de Atención de Delitos de los Servidores Públicos, que existe en la PGR, a la nueva Fiscalía Anticorrupción. Esa unidad apenas tiene un par de docenas de empleados, un reducido espacio físico y es inoperante en la práctica.

De ahí que, al percatarse del engaño y de lo barato que vendieron el “blindaje transexenal” a Peña Nieto y su grupo, PAN y PRD pidieron “posponer al 2017” el nombramiento del fiscal anticorrupción. Primero, el panista Ricardo Anaya cuestionó las prisas por designar a Cervantes, y ayer el líder de los senadores del PRD, Miguel Barbosa, de plano pidió que el priista renuncie como procurador y compita “en igualdad de circunstancias” por la FGR.

Ahora PAN y PRD buscan presentar una nueva iniciativa de ley para la creación de la Fiscalía Anticorrupción, que el fiscal siempre sea nombrado por el Senado y no por el fiscal general de la República, y darle mayores recursos y facultades al encargado de combatir la corrupción para evitar que sea sometido por la FGR. También quieren eliminar el transitorio del 102 constitucional que hace automático que “quien ocupe el cargo de procurador” se convierta en fiscal general de la República, al aprobar la ley de la nueva Fiscalía. En su lugar, proponen un proceso transparente y abierto para analizar varios perfiles, trayectorias y capacidades en la elección del primer titular de la FGR.

El problema es que eso ya no le gustó al PRI ni a Los Pinos que presionan por todos los medios para que el PAN y el PRD cumplan sus “acuerdos” y apuren ya el nombramiento del fiscal anticorrupción como condición necesaria para después aprobar la ley de la Fiscalía General y consumar así la designación de Raúl Cervantes como fiscal antes del 15 de diciembre. Esa es la prisa de los priistas y el presidente: quieren a su #FiscalCarnal antes de que termine el actual periodo de sesiones. ¿Cederá la oposición a la enorme presión del poder?

NOTAS INDISCRETAS…

Dos preguntas se hacían ayer los priistas tras la instalación de su nuevo Consejo Político Nacional encabezada por Peña Nieto. La primera, ¿qué hacía en la sesión partidista el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, si él ha dicho abiertamente no ser militante del PRI? “¿Dónde está su credencial, será que le darán la 004?”, preguntaban en broma los priistas. La otra pregunta era más complicada: ¿Qué quiso decir realmente el presidente cuando, al parafrasear a Jesús Reyes Heroles, se equivocó y dijo “primero el pan y luego el hombre”?

Porque eso se oye textual en el audio del discurso pronunciado ayer en el Plutarco Elías Calles: “Como dijera el dirigente nacional de nuestro partido, hace prácticamente 40 años, Reyes Heroles, quien decía `primero el plan, después el hombre´, y lo reafirmo: primero el pan, primero el programa, primero el proyecto y después los nombres”. ¿Primero el pan o el PAN? Es obvio que el de Peña es un error de pronunciación, un lapsus, pero el tema provocó toda clase comentarios sobre el desliz verbal y las versiones de un entendimiento para favorecer al PAN en 2018.

Por lo pronto, los sicólogos dicen que así es el lenguaje del inconsciente: cifrado. No se da de manera razonable, sino en términos de lo absurdo. Siempre demanda una interpretación para ser comprendido. “El inconsciente nos traiciona”, se dice popularmente, pero en realidad ocurre exactamente lo contrario: el inconsciente es leal a lo que realmente pensamos o sentimos. ¿Eso es lo que realmente piensa o siente el presidente?... Los dados abren con Serpiente. Mal comienza la semana.