Por segunda ocasión en lo que va de su mandato, el presidente Enrique Peña Nieto acudirá el domingo 27 a la sede nacional de su partido, el PRI, para asistir a una sesión del Consejo Político Nacional, del cual es miembro. Pero esta vez será muy distinta de aquella reunión del 5 de marzo de 2014, cuando el Presidente llegó a festejar los 85 años del partido que lo postuló a la Presidencia: aquella vez Peña llegó en medio de la apoteosis, con sus reformas recién aprobadas y la etiqueta de “el salvador de México” para ser aclamado por el priismo nacional y proclamar el fin de la “sana distancia” instaurada por su antecesor Ernesto Zedillo. Hoy, el mandatario llega con el rechazo, según las encuestas, de 1 de cada 2 priistas a su ejercicio de gobierno; sus reformas atoradas y sin resultados concretos, una economía a la baja, una crisis de inseguridad y violencia en el país y con un partido sumido en una sorda división y en el tercer lugar de las encuestas nacionales rumbo a la sucesión presidencial de 2018.

Además, esta vez Peña Nieto no llegará solo a la renovación del VI Consejo Político Nacional del PRI. Está previsto que 9 de sus secretarios del gabinete, encabezados por el ex titular de Hacienda, Luis Videgaray, lo acompañen para ser nombrados “consejeros políticos nacionales”, en un clara estrategia del grupo gobernante por terminar de tomar el control total del partido que iniciaron con la llegada de Enrique Ochoa Reza a la dirigencia nacional y, ahora, desde el órgano de dirección partidista, asegurar para su grupo el dominio total de la sucesión presidencial dentro de dos años, pues en el Consejo Nacional se definirá desde el método hasta la convocatoria para elegir al próximo candidato presidencial del priismo.

La toma final del PRI por parte del peñismo incluye la designación como “consejeros políticos nacionales” de varios miembros del gabinete, cuya militancia y carrera partidista es, a decir de los mismos priistas, “dudosa”. No está claro si varios de los secretarios del gabinete realmente son militantes registrados y menos si tienen una carrera o actividad partidista que les permita convertirse en consejeros, pero está claro que lo harán de la mano del “jefe máximo” del partido gobernante.

Al mismo tiempo, Peña Nieto llegará a dar un “espaldarazo político” al cuestionado dirigente nacional, Enrique Ochoa Reza, que con su polémica llegada al cargo y su “cruzada contra la corrupción” dentro del priismo, ha sembrado más dudas que certezas entre sus correligionarios, que ven con recelo y desconfianza cómo su partido que, en términos llanos y realistas, ha representado la corrupción por más de siete décadas en el sistema político mexicano, hoy busca convertirse en el “adalid” de la anticorrupción y persigue a sus propios militantes y gobernadores, en un discurso que no genera total credibilidad ni afuera ni adentro del partido.

Porque finalmente, con todo y que hoy estén “apestados”, “perseguidos” y hasta “prófugos de la justicia”, priistas como Javier Duarte de Ochoa, Roberto Borge, César Duarte, Tomás Yarrington más los que se acumulen en las próximas semanas, fueron o son todavía “orgullosos priistas”, cercanos amigos y apoyadores del presidente Peña Nieto, y por supuesto “líderes del priismo” en sus estados. ¿Acaso las lealtades de muchos priistas en las entidades no seguirán hacia esos que hoy son desconocidos, negados y hasta expulsados por el PRI de Peña Nieto y de Ochoa Reza?

¿Meade va en calidad de qué? Una de las presencias del gabinete anunciadas para este domingo en el Auditorio “Plutarco Elías Calles” de la sede nacional priista, es la del secretario de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreña, quien acudirá a la instalación del Consejo Político Nacional en calidad de “invitado” del Presidente, pues él no es militante del PRI. A diferencia de su padre, Dionisio Meade, José Antonio nunca se afilió como priista y públicamente ha declarado en varias ocasiones estar orgulloso de su apartidismo.

—Es sabido que no está afiliado a ningún partido político. ¿Sigue así? —le preguntaron a Meade Kuribreña en una entrevista para el diario “24 Horas” en diciembre pasado, como titular de Sedesol.
—Así es.
—¿Tiene previsto afiliarse?
—No.

Más recientemente, en septiembre pasado, recién llegado a la SHyCP le reiteró a “Excelsior” su condición de no militante priista. “La vocación del servicio público tiene diferentes asientos y todos son válidos. Hay quien escoge hacer de la vocación del servicio público una trayectoria partidista; una trayectoria militante, como fue el caso de mi papá. Hay quien escoge el servicio público por la vía de un trabajo que se despliegue desde la administración, en un contexto que no sea partidista… Esa ha sido la forma en que he tenido la oportunidad de desplegarme en el servicio público”.

La pregunta entonces, si José Antonio Meade va este domingo al Consejo Político priista es ¿en calidad de qué acude?, y si saben que no es priista, ¿para qué lo invitan a una sesión eminentemente partidista?

Peña, dos años después: ¿ovación o apapacho? Es muy posible que, con todo y los datos recientes de una encuesta como la de Buendía y Laredo para EL UNIVERSAL que arrojó que 48% de los militantes priistas reprueban la forma de gobernar del actual Presidente, los consejeros nacionales del PRI aplaudan a rabiar el discurso que dará Peña Nieto en su partido. Si bien la unidad interna del viejo partido no es la misma que en aquel 2014 cuando ovacionaron y aclamaron a Peña, también es cierto que las divisiones y fracturas en este momento son al puro estilo del PRI: a “sotto voce”, es decir, una inconformidad silenciosa contra el peñismo, su gobierno y la forma de “apropiarse del partido” que, aunque se exprese en las encuestas, no sale aún a la superficie, ni ha tomado tintes de rebelión, algo que quizás ocurra conforme se acerque la sucesión presidencial.

Por lo pronto es un hecho que, en su segunda asistencia a un Consejo Político Nacional de su partido, el presidente Peña ya no será ovacionado ni aclamado, como hace apenas dos años cuando aún se le veía como el “gran activo del priismo nacional”; el aplauso de mañana, sin duda estridente y cálido, sonará más a un “apapacho”, casi una sobada compasiva para un mandatario que dos años después ya no se ve como el “salvador” ni de México y mucho menos de su partido. Este Presidente hoy en día ya no es el “gran activo” y más bien se ha vuelto un “lastre” para su partido, al que ya no le garantiza la continuidad en el poder después de 2018.

NOTAS INDISCRETAS… Después de su visita de este domingo al PRI, el presidente Peña Nieto encabezará el próximo 1 de diciembre una reunión multitudinaria con toda la burocracia federal en el Centro Banamex para dar un “mensaje de aliento” y convocarlos a trabajar de cara a lo que viene el próximo año para el país. Eso explica porque antes Peña irá al PRI, para redondear su mensaje de “vamos juntos al cierre”… Y hablando de cierres, en donde están ya cerrando la transición de gobierno para el próximo 15 de diciembre, es en Sinaloa. Entre las cuentas que entregará el gobierno del saliente Mario López Váldez a su sucesor, el priista Quirino Ordaz, están los buenos números de crecimiento económico en Sinaloa reportados por el Inegi en sus últimos indicadores de la economía estatal. Según el instituto, Sinaloa es el estado con más crecimiento económico a nivel nacional con un aumento de hasta 4.3 en su actividad económica, además de mantenerse como líder en la producción agropecuaria de maíz, tomate y otros cultivos, y en la pesca de varias especies. El secretario de Desarrollo Económico del gobierno saliente, Francisco Labastida Gómez, también afirma que, derivado de una mejoría en las condiciones de seguridad en el estado, se atrajeron inversiones importantes, sobre todo en el sector turístico de Mazatlán, mientras las exportaciones agroindustriales del estado también mantuvieron su tendencia ascendente, por lo que la entidad sinaloense, según el reporte de la actividad el último trimestre del Inegi, fue la que más aportó al magro crecimiento nacional… En el Senado se incrementa la presión del PRI para que el PAN y el PRD cedan y apuren la aprobación del Fiscal Anticorrupción antes del 15 de diciembre y no es que a los priistas les urja o les interese combatir la corrupción, lo que les urge, sobre manera, es que se apruebe la Ley de la Fiscalía General que daría paso automático al nombramiento de Raúl Cervantes Andrade como fiscal general. El problema es que los senadores panistas y perredistas, que habían negociado darle al PRI y a Cervantes la FGR, ya se dieron cuenta de que a cambio de un fiscal de 9 años que proteja y blinde al gobierno de Peña Nieto, les quieren dar una Fiscalía Anticorrupción disminuida, sin personal ni recursos y mucho menos facultades para combatir a los corruptos. Es decir, que a Roberto Gil y a Miguel Barbosa los priistas les vendieron “espejitos” para que validaran al #FiscalCarnal a cambio de darles el control de un fiscal anticorrupción sin recursos y atado de manos. Por eso PAN y PRD presionan para alargar el nombramiento hasta 2017, con una nueva ley, pero el PRI presiona con todo, por órdenes directas de Los Pinos, porque no quieren que se les contamine más la designación de Raúl Cervantes, que cada vez es más rechazado por la sociedad civil. ¿Quién ganará el duelo de vencidas y qué le darán a cambio a la oposición para convencerla?... Los dados mandan Serpiente doble. Semana de contrastes

Salvador Garcia Soto
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