Sobre la declaración del presidente Enrique Peña Nieto -inscrita ya en el anecdotario histórico de los dislates presidenciales- de que ni él ni “ningún presidente se levanta pensando en cómo joder a México”, se han escrito y dicho muchas cosas. Se han mofado hasta el cansancio en las redes sociales, se ha ridiculizado al mandatario cuyo lema institucional “Mover a México” fue cambiado a “Joder a México” y se ha refutado desde los más diversos ámbitos, lo mismo desde la oposición que desde los academia, la voz de la gente en las calles, la sociedad civil o los analistas y opinadores, que la realidad del país y su gobierno contradicen la afirmación de Peña Nieto sobre las intenciones con las que despierta cada día.

Pero en el fondo de todas las críticas, análisis y hasta burlas, subyace una misma pregunta casi generalizada: ¿qué le pasa al presidente que, en el estado en que se encuentra su gobierno, con una imagen fuertemente desgastada y una aprobación histórica por sus bajos niveles, lejos de ayudarse con su discurso parece más bien seguirse hundiendo al lanzar afirmaciones que parecen pensadas para provocar un coro casi unánime de rechazo, sorna e indignación en su contra?

Porque si ya era riesgoso que Peña Nieto afirmara que su intención siempre es hacer bien las cosas, como están la situación en el arranque del último tercio de su gobierno, tanto en la desacelerada economía, el excesivo endeudamiento y un recorte mayor al presupuesto, además de una violencia e inseguridad crecientes que se reflejan en el aumento notable de homicidios dolosos, resulta un despropósito mayor que el presidente actual, con todo el desgaste que arrastra en su imagen, se haya atrevido a hablar a nombre de todos los demás presidentes que ha tenido el país. “No creo que ningún presidente se haya levantado pensando, y perdón que lo diga, en como joder a México. Siempre están pensando en cómo hacer las cosas bien para México. Estoy seguro que los anteriores presidentes no han tenido otra misión más que esa”.

¿O sea que, Enrique Peña Nieto, que está en el fondo de las encuestas de aprobación presidencial, muy por debajo de lo que hayan estado sus últimos antecesores, en un intento desesperado de defender su administración que se acerca al ocaso, también se asume como el “defensor de oficio” de todos los presidentes en la historia de México? El mete las manos al fuego por Gustavo Díaz Ordaz y su decisión de disparar contra estudiantes indefensos en Tlatelolco con el pretexto de la “paz social” y la amenaza comunista; o también defiende la “guerra sucia” de Echerverría contra los grupos guerrilleros y subversivos junto a su exacerbado populismo; o la brutal devaluación del peso y la inflación por las nubes que nos dejó José López Portillo con su fallida “defensa del peso como perro” y la corrupción institucional de su gobierno. Y ya entrados en gastos, Peña puede jurar que ni Carlos Salinas ni Ernesto Zedillo fueron culpables de la peor crisis económica que recuerde el país en 1995, y avalar, en su generalizada defensa a los dos presidentes del PAN, el indolente y apático Vicente Fox y el belicoso y sanguinario Felipe Calderón que le heredaron un país incendiado en materia de seguridad y crecimiento del narcotráfico.

Vaya pues qué manera de ayudarse de Peña Nieto. No sé si alguno de sus brillantes asesores le sugiere esas líneas discursivas tan cuestionables o si, en su aparente desesperación y molestia por las duras críticas que se le hacen, el decide ejercer su muy limitada capacidad de improvisación y termina sacando, frente a un auditorio empresarial, que es uno de los sectores que más fuertemente han cuestionado los resultados de su gobierno, todo el coraje y la frustración de un gobernante que se siente injustamente atacado y terriblemente incomprendido. Pero en todo caso, sea pensado o producto de la improvisación, convendría recordarle al presidente que, como dicen los tratados de actuación en caso de emergencias, nadie puede pretender ayudar ni mucho menos salvar a otros, sin antes ayudarse o ponerse a salvo primero a sí mismo. O lo que es lo mismo presidente, sálvese usted antes de que termine de hundirse, que a sus antecesores ya los juzgó la historia.

Surge el TUCOA en el PAN. Al grito de “Todos Unidos contra Anaya” (TUCOA) los panistas recrudecieron la disputa interna por la candidatura presidencial al exigirle públicamente al dirigente Ricardo Anaya una definición sobre sus aspiraciones presidenciales que son incompatibles con su papel como presidente del partido. La carta firmada por los senadores panistas Roberto Gil y Ernesto Cordero, además del ex dirigente Gustavo Madero, dio pie para que otros panistas de la cúpula como el gobernador Rafael Moreno Valle y el ex presidente Felipe Calderón se sumarán a la presión y la exigencia en contra del dirigente nacional de su partido para que deje de jugar un doble rol: el de aspirante y dirigente partidista, con lo que pone en riesgo la equidad y la unidad internas del panismo rumbo al 2018.

No es la primera vez que a Anaya le piden los panistas de la cúpula esa definición, pero ante la soberbia con que los ha ignorado, sí es notorio el tono subido con el que le hicieron esta vez la exigencia. Si no hay una pronta definición del dirigente del PAN, el movimiento interno en su contra tomará tintes parecidos a los de aquel grupo unificado de aspirantes priistas en la sucesión del 2006 en contra de Roberto Madrazo, al que se conoció como el TUCOM o Todos Unidos contra Madrazo y que encabezaron en su momento Arturo Montiel, Enrique Martínez, Enrique Jackson y otros priistas que le exigían al dirigente del PRI en aquel año definir si quería ser líder del partido o candidato.

Aquel movimiento priista remite a lo que hoy algunos llaman el TUCOA o Todos Unidos contra Anaya en el PAN, y terminó con una ruptura histórica y altamente costosa para el PRI y para Roberto Madrazo que terminó siendo el primer candidato presidencial en la historia del priismo que terminó en un penoso tercer lugar de la votación nacional.

No es la primera vez que a Ricardo Anaya no sólo le exigen esa misma definición. Recién llegó a la presidencia del partido, un grupo de asesores suyos que en una reunión de estrategia en agosto del 2015 le dijeron: “tienes que empezar por deslindarte clara y públicamente de cualquier aspiración al 2018, aun cuando en su momento tengas una aspiración legítima, pero públicamente tienes que decir que no aspiras y que tus esfuerzos serán sólo como dirigente”. Cuentan algunos asesores suyos que en aquella reunión, el joven Anaya les contestó con un argumento de “principios” y “congruencia”: “Yo no puedo hacer eso, porque si digo que no tengo aspiraciones presidenciales estaría mintiendo. No puedo declararlo por congruencia”, les dijo.

La pregunta es si ahora Ricardo Anaya Cortés no va a terminar repitiendo el esquema y el error de Roberto Madrazo y si, entre su ambición y su “congruencia”, no terminará por fracturar la unidad de su partido y con ello sepultará los sueños panistas de un regreso a la Presidencia en el 2018. El colmilludo priista tabasqueño lo hizo por una ambición desmedida, pero el joven y destacado panista podría terminar haciéndolo por exceso de “congruencia” y falta de colmillo.

NOTAS INDISCRETAS… Ayer viernes, en Acapulco, el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo rindió su primer informe de Gobierno. Ha sido un año de altibajos pero también de esfuerzos para el priista que logró recuperar la gubernatura tras el dominio del PRD y la vergonzosa crisis del partido de izquierda ligado a personajes ligados al crimen organizado como José Luis Abarca y su esposa, además del cuestionado gobierno de Angel Aguirre Rivero.

Astudillo afirma que el estado está mejor que en 2015 que él asumió el poder, aunque también reconoce que la crisis de inseguridad y violencia que vive el estado está muy lejos de resolverse. Las ejecuciones continúas en Acapulco, Chilpancingo y la región de la Tierra Caliente y la Montaña es algo que no han podido contener el gobernador que, también hay que decirlo, no ha tenido el un apoyo decidido y constante del gobierno federal que por más discursos y compromisos no se ha decidido a lanzar un operativo federal a gran escala para rescatar a Guerrero. Aún con eso, podría decirse que Astudillo ha logrado, con menos apoyo y recursos de la Federación, mucho más en un año de lo que han logrado otros gobernantes como el de Morelos, Graco Ramírez, o el de Michoacán, Silvano Aureoles, que con mucho más ayuda federal y dinero tienen a sus estados sumidos en graves crisis sociales y de seguridad. Y sí, la violencia sigue en Guerrero y no ha logrado contenerla el gobierno de Astudillo, pero al menos se ve un mayor esfuerzo en la labor de gobierno y en el intento de reconstruir el tejido social. ¿Podrían decir lo mismo los dos mandatarios perredistas que son consentidos del gobierno peñista?… En Santander, España, muchos se sorprendieron cuando el verano pasado vieron emerger una lujosa residencia que fue comprada y remodelada por un nuevo forastero recién llegado a esa provincia española. Cuando preguntaron quién era el acaudalado recién llegado el nombre no les sonó mucho allá: Jaime Porres. Pero en Veracruz sí saben que Jaime Porres fue uno de los principales socios y prestanombres del gobernador prófugo Javier Duarte. Claro que ahora que se pasea como millonario en la bella Santander, Porres finge demencia y contesta, como muchos otros, cuando le preguntan: “¿Duarte, quién es Duarte, no lo conozco?”. Eso suena igual que “No recuerdo haber hecho esa alusión, pero si ustedes dicen, seguro la hice?”. Vaya amnesia de los antiguos amigos del ladrón veracruzano… Los dados cierran con Serpiente. Semana Negra.

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