Norma Valle Dessens*

Un sentimiento de desamparo transmite la imagen de ese joven desnudo, sentado en la tierra, con su cuerpo delgado y débil, golpeado por los vecinos de céntrica colonia de Hermosillo y exhibido por los medios y los usuarios de redes, con la justificación de que era un peligroso maleante.

Sólo una mujer parecía haberse compadecido de él, en la imagen aparece a sus espaldas intentando cubrirlo o levantarlo, mientras dos policías lo acribillaban con más tomas de fotografías desde sus celulares, estos hechos constituyen un punto crítico en el arribo a una era de retrocesos, en la que se alienta a incrementar la violencia por la autoridad, en vez de cumplir su cometido.

La situación preocupa, si bien es comprensible que los habitantes de tal o cual sector estén cansados de robos, asaltos entre otros delitos que a diario ocurren y deseen poner un alto, es grave la normalidad y complacencia que está tomando esta práctica en la que un grupo de personas sólo identificadas como “vecinos” agreden a otra, sin responsabilidad legal o crítica alguna y que puede derivar en mayor descomposición social.

El primer hecho difundido ocurre el 22 de octubre, cuando circuló el video y la fotografía en medios de un joven sujeto con cinta transparente a un poste de la luz en Hermosillo y con un letrero que decía “esto me pasa por rata”, supuestamente porque los vecinos del lugar lo sorprenden en actitud sospechosa; tres días después este joven de 23 años en la colonia El Mariachi es golpeado, desnudado y exhibido también en los medios, mismos que publican en seguimiento una nota de vecinos anónimos justifican el hecho al relatar su carrera delictiva desde la infancia.

En esta misma semana, se publica que en Magdalena hospitalizan a un hombre por lesiones que le ocasionaron al encontrarlo con objetos robados; en Caborca ocurren dos hechos más, en uno de ellos le cortaron los dedos a un hombre supuestamente en condiciones similares y lo tiran en un basurero, lo cual escala de manera dramática en el nivel de violencia, si en verdad corresponde al tipo de respuestas de vecinos organizados contra delincuentes.

Estos hechos recuerdan algunos episodios de linchamientos reportados en televisión nacional en otros estados de la República hace ya algunos años, que casi siempre ocurrían en pueblos pequeños en los que la ley se tomaba por cuenta propia en delitos como la violación, y que justamente se reportaban al resto del país como hechos cruentos.

Un razonamiento sentido común sería, si cada vez los robos en casa habitación y en las calles se están elevado en tal magnitud que el ciudadano en lo individual o de manera organizada tiene que defenderse, entonces ¿Por qué no organizarse para exigir a la autoridad y al gobierno que atiendan y resuelvan con mayor efectividad esos delitos, con procesos apegados a derecho?

En realidad quienes están delinquiendo de manera más grave son quienes dirigen un aparato de gobierno, de justicia y policiaco que existe gracias a las aportaciones de los contribuyentes, y en los hechos se muestran incapaces de devolverles las condiciones mínimas de seguridad para transitar por las calles o llegar a salvo a casa.

Un cambio de estrategia no puede centrarse en colocar en internet las caras de los detenidos por delitos comunes, pues ni siquiera se les ha juzgado; ni invertir en costosos sistemas de vigilancia pública de primer mundo, ni en aplicaciones de celular para pedir ayuda; bastaría con que empiecen a cumplir su labor dentro de las facultades otorgadas y que el presupuesto lo apunten a atender las necesidades sociales clave que tienen a los jóvenes en las calles, y que no deleguen en los “vecinos” la responsabilidad de detener, castigar y ejecutar delincuentes.

*Responsable de Apoyo a la Investigación, El Colegio de Sonora