Para Ripley: 

Desde 2005 no es tan solo imposible sino impensable que en México se instaure la figura de los jueces sin rostro, como se demuestra en la nota principal de Milenio:


Aquel año remoto, al resolver sobre el caso de un sujeto sentenciado por terrorismo y subversión, la Corte Interamericana de Derechos Humanos hizo notar que al acusado se le impidió conocer la identidad de su juzgador, privándosele de oportunidad para valorar su idoneidad, cerrándole así la posibilidad de “conocer si se configuraban causales de recusación y ejercer una adecuada defensa ante un tribunal independiente e imparcial”.
Sorprende por lo mismo que una instancia del Estado mexicano que debiera dominar el tema, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, propusiera jueces sin rostro, desconsiderando que la jurisprudencia de la CIDH es vinculante, obligatoria para nuestro país, so pena de sufrir condenas, reparar daños y suplicar perdón.
Peor aún: la histeria cundió, y hasta del Senado (que avala los compromisos internacionales) salen voces que piden la misma insensatez…