Me basta la Operación Carlota para sostener que a Fidel Castro Ruz la historia lo absolverá.

Aunque suscita juicios extremos de alabanza o condena, el que haya derrotado y humillado al ominoso imperialismo yanqui de mediados del siglo pasado, lo mismo en Bahía de Cochinos que al otro extremo del Atlántico, lo coloca entre los mejores líderes mundiales por haber encarnado la lucha contra la opresión.

La revolución castrista volteó la tortilla social en Cuba y, aunque jamás cumplió su promesa de instaurar la democracia, estatizó hasta los talleres de zapateros remendones y persiguió a disidentes y homosexuales, a los más jodidos de su patria les aseguró la comida y la educación que ya quisieran los más pobres de los casi 18 millones que tenemos en México.

El envío subrepticio de 52.000 combatientes y, en 16 años, de los casi 450 mil cubanos (entre médicos, maestros e ingenieros) que implicó la Operación Carlota, afianzó la independencia de Angola y Namibia, pero y sobre todo fue determinante para el fin del apartheid en Sudáfrica.

Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho…