Anoche, con Ilana Sod, Maite Azuela, Nicolás Alvarado, Álvaro Cueva y Juan Pablo Becerra-Acosta, participé en un especial de Milenio tv sobre el problema endémico de México: la corrupción, que del brazo de la impunidad mantiene al país entre los que mayor pena dan.

La parábola de que los libres de culpa tiren la primera piedra porque la deshonestidad invade todos los órdenes sociales, recordada por Enrique Peña Nieto, remite a la paráfrasis "La corrupción somos todos" de Chucho Salinas y Héctor Lechuga (Álvaro me corrigió: la frase original de López Portillo decía "la solución).

Jamás coincidí con esa denigrante generalización, me cuento entre los que pueden arrojar piedras, pero no dudo que la corrupción afecta grandes, enormes capas de la población.

Por espectaculares que sean los casos de políticos prominentes, iguales o peores en cargos de gobierno, imagino a pobladores de localidades que en Puebla o el Bajío saquean oleoductos y trenes de carga; a los vendedores y compradores de piratería, partidos que no pagan impuestos o a quienes exigen plazas automáticas de profesores…