Dice la Academia sueca que a Bob Dylan "le hubiera gustado recibir el premio en persona, pero tiene otros compromisos que desgraciadamente lo hacen imposible...". 

El desaire del compositor al Nobel se manifestó desde que se tardó un par de semanas en aceptar el célebre reconocimiento... ¡en literatura!

Dylan debió ser a quien más desconcertó que lo premiaran por algo que no hace sentido.

A diferencia de él, Barack Obama no tuvo empacho en recibir sin merecimiento alguno el Nobel de la Paz.

Los desatinos de la Academia quizá se deban a que trata de adaptarse a los descocados tiempos en que se encuentra el mundo, como lo ilustra el que, también para el de la Paz, escogiera al presidente de Colombia por su acuerdo con la guerrilla, después no refrendado por su sociedad.

Admirable desdén el del músico y poeta, impensable en quienes buscan reconocimientos (los hay que hasta concursan).

Reconocido y aclamado por sus seguidores, Dylan, prefirió darle esquinazo al más prestigiado pero mal destinado premio.