Desde ya hace varias décadas, el cáncer es una enfermedad que a nivel mundial es un problema mundial de salud pública.

En México, específicamente el cáncer de mama ha logrado impactar de manera epidemiológica, pues es considerada como la segunda causa de muerte entre las mujeres.
De acuerdo con la OMS (2008), se prevé que entre 2007 y 2030 el número de casos nuevos de cáncer aumentará de 11.3 millones a 15.5 millones, asimismo el número de muertes durante este periodo, aumentará un 45% a nivel mundial.
El curso de la enfermedad trae consigo diversas complicaciones en la vida de quien lo padece, lo cual exige un cambio en los estilos de vida, que trae consigo diversos conflictos psicológicos que afectan calidad de vida y posición frente a la enfermedad.
Sobre todo, si los procedimientos oncológicos, como la cirugía conlleva secuelas que limitan y potencializan el desgaste cognitivo, emocional y conductual de las pacientes.
El cáncer de mama implica para muchas mujeres una situación que afecta física y psicológicamente su calidad de vida. Una de las fases en las que se presenta un mayor deterioro emocional es durante el tratamiento, debido a los efectos secundarios, colaterales y secuelas del mismo, como la cirugía.
Es muy frecuente que las pacientes atendidas por cáncer de mama presenten serias dificultades psicológicas, emocionales y económicas, desde el momento de recibir el diagnóstico hasta el seguimiento del tratamiento, el cual resulta sumamente costoso, desgastante en todos los aspectos y muy angustiante.
Cuando se vislumbra el diagnóstico de cáncer de mama, puede llegar a generar un gran impacto emocional, pero cuando se confirma el diagnostico, este impacto es mucho mayor; por un lado el cáncer sigue siendo una enfermedad muy temida por la población y esto se debe principalmente a la incertidumbre de su causa, lo agresiva que es esta enfermedad, lo invasivo que es el tratamiento y de las posibilidades de curación.
Por otro lado, las repercusiones que trae consigo esta dolencia son otros motivos de impacto emocional, ya que afectan a la vida personal, familiar, social, laboral, de relación, la actividad sexual, además del impacto que genera en los familiares y amigos.
Es increíble pensar que aún hoy, persiste en el subconsciente de la población, que después del diagnóstico de cáncer, inmediatamente se asocia a dolor, sufrimiento, muerte, y, en algunos casos, a castigo inmerecido.
En general, las alteraciones más frecuentes en el paciente con cáncer son ansiedad y depresión, así como interrupción de la vida cotidiana, insomnio, problemáticas laborales. El impacto emocional no sólo depende del pronóstico médico sino que se basa en las creencias previas que tenga la paciente respecto al cáncer de mama, estas creencias provocan sentimientos de culpabilidad en la mujer.
La enfermedad hace impacto en la percepción que la persona tiene de su cuerpo, su autoestima, sus sentimientos y dominio personal.
También puede llevar un incremento de la ansiedad, desesperación, desesperanza y sometimiento al sufrimiento debido a las creencias amenazantes del cáncer de mama.
Entre las reacciones que se presentan frente al diagnóstico de cáncer de mama son: negación, perdición, abatimiento y confusión.
El apoyo psicooncológico es importante para que las pacientes aprendan nuevas habilidades de autorregulación emocional, cognitivas y conductuales que les permitan disminuir los efectos de estos cambios corporales y así facilitar que la persona se pueda sentir más cómoda consigo misma y menos limitada. Estas alternativas de apoyo psicooncológico deben responder a las necesidades de las pacientes en las diferentes fases de la enfermedad como del tratamiento oncológico.
Las intervenciones deben enfocarse en la modificación de uno o más aspectos de los componentes de la conducta humana (emociones, cogniciones y conductas).

Médico psiquiatra.
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