El Alzheimer es un problema global del que nadie estamos a salvo y del que la sociedad en su conjunto deberíamos tomar conciencia con un triple propósito:

 

Prevenir la aparición de la enfermedad

 

Actuar en los casos que ya han sido diagnosticados

 

Disminuir las consecuencias psicosociales, sanitarias y económicas que ocasionan la enfermedad de Alzheimer y otras demencias en pacientes, cuidadores, familias y sociedad.

 

La familia es en el 94% de los casos la responsable del cuidado de la persona con Alzheimer y la que sufre el efecto desintegrador de ésta. Dentro de la familia, es el cuidador principal el que suele soportar la sobrecarga física y emocional que la labor de cuidados conlleva. Este año, el esfuerzo en el Día Mundial del Alzheimer se centró en el valor del cuidador, el gran olvidado en la batalla contra las consecuencias de la enfermedad de Alzheimer.

 

Tradicionalmente, en silencio, los cuidadores han venido desempeñando

 

Este papel esencial para asegurar el “cuidado” de las personas mayores, muchas veces durante numerosos años, día tras día y noche tras noche. Este trabajo adicional fuertemente estresante conlleva muchos peligros para el equilibrio psíquico de estas personas e, indirectamente, para el propio enfermo, traduciéndose su trabajo agotador en diversos cuadros clínicos.

 

Alguna vez te has preguntado sobre el cuidador y su rol, su perfil psicológico, sus condiciones psicosociales y sus necesidades de intervención psicoterapéutica y de ayuda.

 

Siendo el cuidador una pieza esencial e insustituible en la atención y apoyo al anciano, la administración sanitaria en nuestro país, brinda este apoyo?, o se ha ignorado?.

 

Si el cuidado de personas te está generando demasiado estrés, es posible que presente uno o más de los síntomas físicos o emocionales de sobrecarga de estrés o depresión tales como: Ansiedad, ira excesiva hacia la persona que cuidas, hacia tu familia o hacia ti mismo, cansancio extremo, problemas de salud (como acidez estomacal, dolores de cabeza, o contraer una serie de resfriados o gripe), irritabilidad, problemas de sueño (dormir demasiado o no dormir lo suficiente), aislamiento social.

 

Signos de depresión: Cambios en el apetito con pérdida o aumento de peso involuntarios, llorar con facilidad o sin ningún motivo, sentirse triste, abatido o inútil, sentirse más lento, o inquieto e irritable, sentirse sin valor o culpable, pérdida de interés en las relaciones sexuales, falta de interés o de placer en las actividades que solía disfrutar, problemas de sueño (dormir demasiado o no dormir lo suficiente), pensamientos sobre la muerte o el suicidio, problemas para recordar cosas, concentrarse o tomar decisiones.

 

 

¿Qué debo hacer si me siento abrumado y estresado?

Hablar con tu médico. No te sientas incómodo ni te avergüence de tus sentimientos. Informa a tu médico todos tus síntomas. Él puede recomendarte métodos para sobrellevarlos, grupos de apoyo, asesoría o medicamentos para ayudarte a sentirte mejor.

 

Habla con tus seres queridos. Es posible que sientas que no debes quejarte o cargar a las personas con tus sentimientos porque no eres tu el enfermo.

 

Cuida tu salud. Evita el consumo de alcohol y tabaco, come correctamente, haz ejercicio y consulta a tu médico para recibir cuidados preventivos.

 

Infórmate mucho sobre el padecimiento médico de tu ser querido. Averigua todo lo que puedas sobre la enfermedad, el tratamiento que está siguiendo y sus efectos secundarios. Estar informado puede brindarte la sensación de tener algún control.

 

Mantente organizado. Realiza un cronograma con tu familia. Esto los ayudará a todos ustedes a mantenerse organizados y te ayudará a manejar mejor tus tiempo. No te olvides de programar tiempo para las actividades que disfrutas, como visitar amigos, cenar fuera de casa o ir al cine.

 

Únete a grupos de apoyo. Te brindaran la oportunidad de compartir tus sentimientos y experiencias con personas que están atravesando situaciones similares a la tuya.

 

 

Médico Psiquiatra. Tel. 2135557, cel. 6621150306