1) Para saber

En su mensaje de esta Cuaresma el Papa Francisco nos invita a “detenerse”, “mirar” y “volver”. La ocasión pasada se reflexionó sobre la primera. Ahora nos detendremos sobre “mirar”. Pues el detenerse es para poder mirar. Dice el Papa: “¡Detente para mirar y contemplar!”

Se trata de saber mirar un poco más profundo: saber mirar, dice el Papa, los “rostros vivos de la ternura y la bondad de Dios en medio nuestro... Mirar el rostro de nuestras familias que siguen apostando día a día, con mucho esfuerzo para sacar la vida adelante y, entre tantas premuras y penurias, no dejan los intentos de hacer de sus hogares una escuela de amor… Mirar el rostro de nuestros niños y jóvenes cargados de futuro y esperanza”.

2) Para pensar
Sucede que muchas veces hemos pasado por un mismo lugar y cuando vamos junto a otra persona nos hace mirar algo que nunca habíamos notado. Si nos detenemos para mirar, podremos descubrir la mano amorosa de Dios: en la naturaleza, en los acontecimientos, en las personas… ¿O nos hemos acostumbrados a ver el azul del cielo o las estrellas sin darle gracias a Dios? ¿O ver los pájaros, las flores, el mar, las nubes o cualquier planta sin admirar a su creador? ¿hemos perdido la capacidad de admiración al ver a un niño, los alcances de la ciencia del hombre? Y, sobre todo, al mirar los misterios de la fe, ¿descubrimos el amor que Dios nos tiene?

Cuenta una religiosa carmelita, con veintitrés años de vida de clausura, el origen de su vocación: “Sucedió en una Cuaresma al rezar las estaciones del Vía Crucis. En el grupo que rezábamos, podíamos desplazarnos en cada una de las estaciones. Entonces, de pronto, aprendí el indecible sufrimiento que Jesús padeció por mí y lloré. Su amor me había vencido”.

Esta mujer supo detenerse y mirar lo que Jesús sufrió por nosotros. Esta Cuaresma se nos invita a detenernos y saber mirar el amor que Dios nos tiene, y que mostró de un modo tan claro y contundente con su muerte en la Cruz.

3) Para vivir
El Papa Francisco nos invita a mirar “el rostro surcado por el paso del tiempo de nuestros ancianos… rostros de la sabiduría operante de Dios. Mirar el rostro de nuestros enfermos y de tantos que se hacen cargo de ellos; rostros que nos recuerdan que el valor de cada persona no puede ser jamás reducido a una cuestión de cálculo o de utilidad”.

Por último, “mirar el rostro del Amor crucificado, que hoy desde la cruz sigue siendo portador de esperanza… Mira y contempla el rostro concreto de Cristo crucificado por amor a todos y sin exclusión… Mirar su rostro es la invitación esperanzadora para vencer los demonios de la desconfianza, la apatía y la resignación”.

Decía San Buenaventura que el crucifico era su libro del que había aprendido todo lo que escribió. Un buen ejercicio espiritual para practicar esta Cuaresma podría ser rezar el Vía Crucis. Se trata de contemplar las catorce estaciones por las que Jesús pasó en su camino a la Cruz. Varios santos y autores han hecho profundas reflexiones sobre cada una, podemos escoger una de ellas.

Vivamos de tal manera que no dejemos de mirar en todo la grandeza y la bondad de Dios.

Pbro. José Martínez Colín
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