Las comunidades urbanas se enfrentan a un crecimiento explosivo. 3,600 millones de personas viven actualmente en zonas urbanas, cifra que aumentará a 7,000 millones en 50 años. Según la ONU, en 2030 las áreas urbanas habrán acumulado un crecimiento de 185%. Cada segundo, en las ciudades del mundo hay dos personas más.

“La urbanización se está acelerando de forma sorprendente. Todo lo conseguido en 12 mil años de historia de la Humanidad, se doblará en 50 años. El objetivo de la urbanización es entregar una vida digna a los ciudadanos”, ha señalado Joan Clos, Director de ONU-Hábitat, la agencia internacional encargada de asesorar a los distintos países en el adecuado abordaje de este importante desafío.

Las ciudades son el eje del desarrollo económico y social. Ahí se concentran las inversiones y los mercados financieros; son el puente hacia el conocimiento, la cultura, la tecnología y la información; son el asiento de las instituciones democráticas y de la participación ciudadana.
Son el espacio donde se expresan, también, los peores males de la sociedad contemporánea: la pobreza y la desigualdad, el hacinamiento, la inseguridad y la violencia, la degradación del medio ambiente.

Lo que hagamos en las ciudades es, por lo tanto, dramáticamente importante para la prosperidad colectiva, la competitividad económica, la fortaleza del tejido social, la civilidad y la calidad de vida.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, suscrita por México, incluye la construcción de ciudades habitables. ¿Cómo avanzar hacia la consecución de este objetivo vital para el presente y el futuro de nuestras sociedades? Una de las mejores herramientas es, sin duda, el uso de la tecnología para lograr ciudades inteligentes.

Pero, ¿qué es una ciudad inteligente? De acuerdo con los parámetros internacionales, esto se refiere a un conglomerado urbano capaz de responder adecuadamente a las necesidades básicas de instituciones, empresas y de los propios habitantes.

Una ciudad podrá ser calificada de inteligente en la medida que las inversiones que se realicen en su entorno sean capaces de mejorar el capital humano y promover el uso de energías renovables, tecnologías de comunicación e infraestructuras de transporte, que detonen una calidad de vida elevada, un desarrollo económico sostenido, una gobernanza participativa, una gestión prudente y reflexiva de los recursos naturales, y un buen aprovechamiento del tiempo de los ciudadanos.

En nuestro país el uso de las tecnologías en el ámbito de la gobernabilidad urbana, se concentran en dos aspectos muy limitados: los sistemas de video-vigilancia y la realización de trámites oficiales vía Internet, pero nada más. Seguimos actuando con una visión reactiva, seguimos adoleciendo de una crónica incapacidad para utilizar todo el potencial que nos brindan las nuevas tecnologías para planear el futuro de nuestras ciudades.

Es hora de voltear la mirada hacia herramientas como las City Performance Tools de Siemens, que permiten estudiar el estado de las ciudades para crear simulaciones de última generación que sirven para evaluar la infraestructura disponible y generar estrategias de inversión e intervenciones públicas que respondan al reto del crecimiento urbano y las necesidades de la sociedad.

Mejorar la planeación del desarrollo urbano es uno de los grandes retos que tenemos como país. Es un imperativo.

Se requiere no sólo de encendidos discursos de los funcionarios públicos sobre la necesidad de construir “ciudades humanas”, de “revisar el patrón de crecimiento urbano del país”, o de “terminar con el desastroso modelo de construcción habitacional que ha prevalecido en México”. Son sólo palabras en medio de un virtual caos urbano y de un enorme vacío de soluciones institucionales.

El acelerado proceso de urbanización en México no está siendo acompañado de una mayor capacidad de los tomadores de decisiones para evitar que el mismo se traduzca en segregación social, en un creciente déficit de vivienda digna, servicios públicos, transporte colectivo seguro y accesible, espacios de convivencia comunitaria, y vialidades funcionales al acelerado crecimiento del parque vehicular, en una crisis ambiental.

Se requieren políticas públicas eficaces, así como escuchar las voces de los expertos de El Colegio de México, de la UNAM y de las escuelas de desarrollo urbano de las universidades estatales, para imaginar el futuro de nuestras ciudades y diseñar, desde ahora, las respuestas. Es hora de actuar ya, y creo que en el uso del conocimiento creado, las experiencias revisadas y las nuevas tecnologías tenemos poderosos instrumentos para pensar y construir mejores ciudades, ciudades para la gente, ciudades incluyentes.

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