1) Para saber

Termina el Año de la Misericordia este 20 de noviembre, solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, después de un año en que el Papa Francisco abría la Puerta Santa. Un año en que muchas almas se han acercado al Señor.

Tal vez queda el sentimiento de no haberlo aprovechado del todo. Sin embargo, la clausura del Año santo no es el final, sino ha de significar un punto de partida, ahora con más esperanza al haber constatado el amor tan grande que Dios nos tiene. Para ser más conscientes de la misericordia que Dios ha tenido con cada uno de nosotros y decidirnos a vivirla.

2) Para pensar
En ocasiones, al no haber tenido grandes caídas, podría ser que no fuéramos tan conscientes de la misericordia recibida. Santa Teresita del Niño Jesús nos transmite su misma experiencia. A continuación sus palabras:

“Reconozco que, sin Él, habría podido caer tan bajo como santa María Magdalena... Pero sé también que a mí Jesús me ha perdonado mucho más que a santa María Magdalena, pues me ha perdonado por adelantado, impidiéndome caer. ¡Cómo me gustaría saber explicar lo que pienso...! Voy a poner un ejemplo. Supongamos que el hijo de un doctor muy competente encuentra en su camino una piedra que le hace caer, y que en la caída se rompe un miembro. Su padre acude enseguida, lo levanta con amor y cura sus heridas, valiéndose para ello de todos los recursos de su ciencia; y pronto su hijo, completamente curado, le demuestra su gratitud. ¡Qué duda cabe de que a ese hijo le sobran motivos para amar a su padre!
Pero voy a hacer otra suposición. El padre, sabiendo que en el camino de su hijo hay una piedra, se apresura a ir antes que él y la retira (sin que nadie lo vea). Ciertamente que el hijo, objeto de la ternura previsora de su padre, si DESCONOCE la desgracia de que su padre lo ha librado, no le manifestará su gratitud y le amará menos que si lo hubiese curado... Pero si llega a saber el peligro del que acaba de librarse, ¿no lo amará todavía mucho más?

Pues bien, yo soy esa hija, objeto del amor previsor de un Padre” (MsC, 38vo)
Es la misericordia de Dios que nos evita pecar. Pensemos si sabemos agradecérselo.

3) Para vivir
Además de experimentar la misericordia de Dios, hemos de saberla transmitir.
El Papa Francisco, en su viaje a Polonia, decía que el Evangelio es el libro vivo de la misericordia de Dios. Pero es un libro que tiene al final unas páginas en blanco. Y están en blanco porque a cada uno le corresponde seguir escribiendo, en continuación a lo que ya ha sido escrito por el Espíritu Santo. Es decir, hemos de escribir unas páginas en el mismo estilo, siguiendo el estilo de la misericordia. Pero ahora serán las obras de misericordia que cada uno haga.