James W. Prescott, neuropsicólogo norteamericano, sostiene que la más grande amenaza para la paz del mundo proviene de aquellas naciones que tienen los ambientes más pobres para sus niños y que son las más represivas en cuanto al afecto.

La violencia de los seres humanos se está convirtiendo rápidamente en una epidemia global. Alrededor de todo el mundo, la policía enfrenta a muchedumbres iracundas, irrupciones terroristas, asaltantes, secuestradores, etc. Los motivos que llevan a la violencia entre seres humanos no son únicos ni actúan de manera aislada. La educación, el entorno social y cultural desempeñan, sin duda, un papel decisivo en el desarrollo de las conductas violentas; las causas de la violencia yacen en nuestros valores básicos y en la forma en que educamos a nuestros niños y jóvenes. El castigo físico, las películas violentas y los programas de TV enseñan a nuestros niños que la agresión física es algo normal. Pero estas tempranas experiencias no son la única o la principal fuente del comportamiento violento. Recientes investigaciones respaldan el hecho de que la privación del placer físico es el mayor ingrediente en las expresiones de violencia o agresión física. La asociación más común, la del sexo con la violencia, provee una pista para entender la agresión física en términos de la privación del placer físico.

A diferencia de la violencia, el placer parece ser algo de lo que el mundo no puede cansarse. Los seres humanos están constantemente en búsqueda de nuevas formas de placer, a pesar de que muchas de nuestras actividades relativas al "placer" aparecen como substitutos de los placeres sensoriales del tacto. Nosotros tocamos o acariciamos por placer o por dolor. Aunque el placer físico y la violencia física parecen mundos aparte, parece que existe una sutil e íntima conexión entre las dos. Hasta que no se entienda la relación entre placer y violencia, esta última continuará su escalada. Dice el autor estar convencido que la privación del placer sensorio físico es la principal causa raíz de la violencia. El placer y la violencia tienen una relación recíproca, es decir que, la presencia del uno inhibe la otra. Cuando los circuitos de placer del cerebro están prendidos ('on'), los circuitos de la violencia están apagados ('off') y viceversa. Entre los seres humanos una persona con tendencia al placer rara vez presenta comportamientos agresivos o violentos, y una persona violenta tiene poca habilidad para tolerar, experimentar o disfrutar actividades sensorio placenteras. Así es como, cuando la violencia sube, el placer baja.

La relación recíproca del placer y la violencia es altamente significativa ya que ciertas experiencias sensoriales vividas durante los periodos formativos del desarrollo crearán una predisposición neuropsicológica bien sea, para la búsqueda de la violencia o para la búsqueda del placer en etapas posteriores de la vida. Estoy convencido de que los comportamientos anormales tanto sociales como emocionales resultantes de lo que los sicólogos llaman privación "materno-social", es decir falta de ternura y cuidado amoroso, son causados por un único tipo de privación sensorial, la privación somatosensorial. Creo que la privación de la caricia o tacto corporal, del contacto y de los movimientos son las causas básicas de varios trastornos emocionales que incluyen entre otros, los comportamientos depresivos, trastornos del neuro desarrollo, hiperactivos, aberraciones sexuales, abuso de drogas, violencia y agresión.
Existe una hipótesis, la privación del placer resulta en violencia física; esperaríamos encontrar que las sociedades humanas que proveen a sus infantes y niños mucho afecto físico (acariciarlos, cargarlos, guiarlos de la mano, jugar con ellos) fueron menos violentas físicamente que las sociedades humanas que dan poco afecto físico a sus infantes y niños.
Un nivel alto de afecto/baja violencia, más bajo afecto/alta violencia. Esto nos lleva a sumar más esfuerzos para compartir tiempo físico con nuestras familias, pruébalo, es muy saludable.


Médico Psiquiatra infantil y de la adolescencia.
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