1) Para saber

Hace unos días el Papa Francisco comentó el pasaje del Evangelio donde Jesús escoge a sus Apóstoles. El relato cuenta que Jesús fue al monte y pasó toda la noche orando a Dios. “Y después, dice el Papa, viene todo lo demás: la gente, la elección de los discípulos, las curaciones, el echar a los demonios”.

Los Apóstoles son las piedras con las que Jesús construirá su Iglesia, pero hay que tener presente que la piedra angular, la principal, de la que depende todo el edificio, siempre es Jesús. 

Y como “piedra” que sostiene todo, Jesús no deja de rezar: “siempre ha rezado por nosotros, ha orado y continúa rezando por la Iglesia. La piedra angular de la Iglesia es el Señor ante el Padre, que intercede por nosotros. Nosotros le rezamos a Él, pero el fundamento es Él, que ora por nosotros. Sin Jesús no hay Iglesia”, a Él le debemos nuestra salvación. Si creciéramos en la conciencia de que le debemos nuestra salvación a Jesús, nuestra relación con Él seguramente cambiaría: viviríamos profundamente agradecidos y dispuestos a corresponderle, nos sentiríamos en gran deuda con Cristo.

2) Para pensar
En los medios de comunicación se difundió una noticia impactante: Un niño taiwanés de 12 años de edad vivió una pesadilla cuando se tropezó en un museo y rompió un cuadro del siglo XVII valorado en 1.3 millones de euros (un millón y medio de dólares). Es un óleo del italiano Paolo Porpora.

Sucedió que fueron varios alumnos a visitar el museo. Y un niño se tropezó y se quiso detener apoyándose en el lienzo con lo que lo rompió.

Afortunadamente la pintura pertenece a una colección que estaba asegurada, y el niño no tuvo que pagar.

Podemos imaginar lo que sentiríamos si nos pasara algo semejante: que rompiéramos algo de sumo valor, sin que aquello estuviera asegurado, de muchos millones de dólares y tuviéramos que pagarlo todo, siendo que fuéramos muy pobres. Seguro que sentiríamos un gran peso.

Podemos seguir imaginando que, estando en esa situación, llega una persona a decirnos que no nos preocupemos, que él ya pagó toda la deuda. No es difícil pensar que quedaríamos agradecidos de por vida con esa persona y que procuraríamos demostrárselo de la mejor manera.

Pues sucede que eso imaginario realmente ha sucedido: Cuando el hombre ofende a Dios y peca gravemente, contrae una deuda grandísima, por ser Dios quien es. No obstante, Nuestro Señor Jesucristo ha pagado esa deuda de nosotros. Y, además, el precio con el que pagó, fue con su propia vida.

Pensemos si somos conscientes de nuestra deuda ante el Señor.

3) Para vivir
Es preciso, pues, reconocer el lugar central de Jesucristo en la historia del hombre y en la de cada uno. Por eso dice el Papa Francisco que “Jesús es el fundamento de nuestra vida, nuestra piedra angular… Él viene a interceder, a orar por nosotros. Como en la cruz. Y esto nos da una grande seguridad, es Jesús el que reza por mí, el que reza por nosotros”.

El Papa concluyó señalando que hoy nos hará bien pensar en nosotros como la Iglesia, como una construcción, pero el fundamento es Jesús, es Jesús el que reza por nosotros. Es Jesús quien reza por mí, es quien nos salva verdaderamente.

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