El panismo nacional atravesaba hace unas semanas por su mejor momento después de varios años de fracasos y altibajos.

Luego de la sonora derrota que propinó al PRI y al resto de los partidos en las elecciones del pasado 5 de junio, los bonos del PAN se treparon a las nubes.

Las encuestas más serias posicionaron al panismo a la cabeza para la elección presidencial del 2018 a pesar de la campaña permanente de Andrés Manuel López Obrador.

Pero de repente todo cambió. No queda claro si los panistas cayeron en la clásica lucha interna por el poder o si fueron víctimas de la emboscada que les tendió el sistema. O bien si se trató de una combinación de ambas posibilidades.

El liderazgo de Ricardo Anaya Cortés, el llamado “chico maravilla”, tomó una fuerza inusitada a raíz de la obtención de siete gubernaturas además de numerosas alcaldías y diputaciones locales.

Sin pedir permiso ni voltear para atrás, el queretano continuó con su activa dirigencia y presencia en los medios electrónicos, estrategia que fue clave para el triunfo panista en los recientes comicios.

Esto puso nerviosos a varios aspirantes a la candidatura presidencial del PAN como la ex primera dama Margarita Zavala y el gobernador de Puebla Rafael Moreno Valle, quien dejará el cargo el 1º de febrero del 2017.

Además Ricardo Anaya acrecentó su enemistad con Gustavo Madero y el grupo que representa al dejarlo fuera de la coordinación panista en la Cámara de Diputados, cargo que según el chihuahuense se lo habían prometido.

Al tenor de lo anterior y como por arte de magia, arrancó una campaña consistente en columnas periodísticas y espacios en medios electrónicos para denostar a Ricardo Anaya y catalogarlo como un dirigente autoritario, traidor y arrogante.

Lo menos que se ha dicho es que trabaja solo para su causa, es decir para conquistar la candidatura presidencial del partido sin importar socavar los valores del panismo tradicional.

¿Será posible que tal cambio ocurriera apenas unos meses después de haber encabezado el mayor triunfo panista desde las elecciones presidenciales del 2000 y 2006?

Fue aquí donde los blanquiazules cayeron en el juego o simplemente perdieron los estribos.

Mientras un grupo de reconocidos panistas publicaba un desplegado para cuestionar las aspiraciones políticas de Ricardo Anaya, un distinguido militante de nombre Felipe Calderón retuiteó un mensaje de Alberto Cárdenas que rezaba así: “La unidad del PAN es vital para el país, la dirigencia de Ricardo Anaya está poniendo en riesgo esa unidad”.

Los panistas inconformes quisieran que Ricardo Anaya renunciara a la presidencia del PAN para lanzarse a buscar la candidatura, posición que curiosamente comparten algunas plumas bien ubicadas del ámbito nacional.

Pero esas mismas voces no piden lo mismo para otras figuras que en lo alto del poder y del liderazgo partidista aprovechan día a día sus respectivas posiciones para sumar imagen y popularidad.
Obviamente Andrés Manuel López Obrador sería el primero de la lista, pero le siguen los secretarios Miguel Ángel Osorio, José Antonio Meade, José Calzada, además de los gobernadores Miguel Mancera, Eruviel Ávila y Rafael Moreno Valle, entre otros políticos que a todas luces buscan la candidatura presidencial de su partido para el 2018.

Será entonces un grave error por no decir que suicidio si Anaya renuncia en este momento a la dirigencia del PAN, luego de haber rescatado a su partido de uno de sus peores momentos en la historia reciente.

Los más felices en caso de su salida serían sus contrincantes del PRI, PRD y Morena.

Los panistas necesitan guardar la calma, sosegar sus ansias y si hay trapos sucios, lavarlos en su propia casa.

De lo contrario perderán esta oportunidad dorada de recuperar el poder luego del mal desempeño del actual gobierno y de las menguantes posibilidades de que Morena o el PRD ganen en el 2018.

 

Apuntes finales

¿Mover a México o joder a México? El presidente Enrique Peña Nieto parece estar empeñando en ganarse las primeras planas y los primeros “memes” con expresiones no muy ad hoc para su investidura. Estamos de acuerdo, ningún presidente se levanta con malas intenciones para el país, pero también es cierto que buen número de mandatarios mexicanos han sido reacios a corregir errores y sordos a las críticas… Si Arely Gómez no cumplió satisfactoriamente con la encomienda en la Procuraduría General de la República, ¿por qué premiarla con un cargo clave como es la Secretaría de la Función Pública? Mejor habría sido que regresara al Senado y nombrar a una persona con el perfil adecuado para dicha dependencia. Lástima.

José Santiago Healy
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