Nota30102016r02HERMOSILLO, SON.- Diego cuenta cómo sería posible construir una máquina del tiempo: “Se necesita un combustible capaz de generar una velocidad inusitada, que pueda hacer desplazarse a la máquina más rápido que la luz; además se ocupan toneladas de metal y un estabilizador de partículas”.

Ese aparato sería capaz de desarticular las moléculas del cuerpo humano para trasladarlo a otro punto en el espacio y el tiempo, según narra el pequeño de 10 años. Alguna vez quiso construirla, pero su mamá no lo dejó. 

Diego Fernández Villela, quien explica cómo funcionaría la máquina del tiempo no es científico – aunque sí le gustaría serlo-, ni mucho menos un maestro universitario, sólo es un pequeño niño de 10 años, con un Índice de Coeficiente Intelectual (ICU) de 146 puntos (el promedio de un adulto es de 100).

Diego cuenta con un diagnóstico de CAS (Capacidades y Aptitudes Sobresalientes), lo que significa que es un niño superdotado o genio. Su vocabulario simula un diccionario y tiene una agilidad mental para recordar cientos de artículos en revistas y páginas de Internet.

“Su mente siempre está creando”, dice su mamá, Mercedes Fernández, quien tiene tres carpetas llenas de estadísticas, estudios médicos y artículos científicos sobre el CAS.

Hace un año, Diego inició una investigación para conocer si algunas personas que le parecían raras eran ovnis, y después les contó a sus amigos de las “estrellas zombies” (un tipo de supernova con menos movimiento y luminosidad).

“La gente era normal, eran humanos, ya teníamos hasta una hipótesis”, afirma Diego sobre su investigación.

Su capacidad de aprender es muchísima mejor que la de cualquier niño, incluso que la de un adulto excepcional. Pero la realidad de los niños genios no es como la pintan. 

Grupo selecto pero relegado

Diego pertenece al selecto grupo de mexicanos con sobrecapacidad intelectual. Según el Centro de Atención al Talento (Cedat), en el país hay alrededor de un millón de niños genios (con ICU mayor a 130).

“Diego es excepcional. Aprende muy rápido, siempre está haciendo preguntas, cuestionando el mundo, pero las escuelas no están hechas para estos niños”, dice Mercedes.

Su inmensa capacidad para aprender y su creativa e incesante mente que cuestiona todo lo del mundo, le valió ser catalogado como “niño problema” por el psicólogo de una escuela privada.

“El psicólogo me traicionó, me dijo que era ‘niño problema’”, dice Diego.

Otra maestra le dijo a la madre del pequeño que mejor tomara unas maletas y se lo llevara a Estados Unidos, donde sí podrían atender a un niño con esas capacidades.

Antes de ser diagnosticado con CAS, el niño tenía una autoestima muy baja, no podía socializar con sus amigos del colegio y, por lo regular, se deprimía porque no entendía la negación de sus maestros de contestar sus preguntas.

Otro educador, que creyó tener la sabiduría de Freud, le dijo que era un niño con déficit de atención. Ninguno de los diagnósticos era certero.

“Me decían que no ponía atención, y me aburría y platicaba. Si la maestra me preguntaba, me sabía todo al pie de la letra, entonces no entendían lo que pasaba”, platica abiertamente Diego.

 El Cedat estima que en el país, sólo el 4% de los niños genios conservan sus aptitudes cuando son adultos, principalmente por el desinterés del sistema educativo, porque los padres no detectan a tiempo la condición de los niños, o por la falta de estímulos para que los menores sigan ejercitando su capacidad intelectual.

Nota30102016r02 2¿Cómo ser normal?

La falta de diagnóstico certero, en el caso de Diego, provocó desesperación en su madre, un viacruscis por tres escuelas privadas donde pudieran atenderlo, una leve depresión en el niño, y la violencia de las maestras que no lo entendían. 

Un día Diego llegó del colegio privado donde estudiaba y le contó a su madre cómo la maestra lo tomaba por los pelos desesperada para que el estudiante no siguiera platicando en clase, cuestionando sobre ciencia a cada minuto y poniendo a prueba sus conocimientos.

“Ese día llegó a la casa y me contó lo que hizo la maestra y me preguntó cómo le hacía para ser normal”, dice Mercedes, y en ese momento entendió que debía buscar hasta debajo de las piedras par a saber qué tenía Diego.

Ser genio no es fácil. Un maestro promedio de quinto año de primaria difícilmente podrá platicar de “La historia del tiempo”, de Stephen Hawking, o alimentaría la curiosidad de un niño que, de grande, quiere ser astronauta, curar el cáncer y ser científico a la vez.

Diego construye sus propios trajes de Halloween con cartón. Construye edificios con Legos, quiso construir un teléfono de mentiras con cuerda y latas, pero también uno de verdad, no obstante, no lo hizo para no desbaratar su computadora, ya que de ahí sacaría todo lo electrónico.

“Dejé de pensar en el futuro, por eso de lo que quería estudiar, y me concentré en el presente, e inventé una frase: ‘No sé lo que me espera, pero me alegra, porque no quiero saber lo que pasará en el futuro, quiero que sea sorpresa’”, relata Diego.

La llamada sorpresa

Un día antes de la entrevista con Diego, él y su mamá fueron al cine a ver “El Jeremías”. La película que se desarrolla en Hermosillo, es la historia de un niño genio de una familia humilde. 

El niño recordó su vida palmo a palmo con la historia. 

Ana Sofía Clerici, guionista de “El Jeremías” vio un video de Diego que EXPRESO le envió mientras se desarrollaba la conversación, y minutos después se comunicaron por teléfono.

— ¿Te puedo preguntar una cosa? —, le dijo DiegoAna.

—Sí, claro—, contestó la escritora.

— ¿Sabes quién me puede ayudar para subir de grado, para ya no estar en la primaria? —, soltó Diego.

“Esta película, además de ser un respiro para familias como la de Marcela Fernández, es un intento de visualizar lo que les pasa a los niños genios”, asegura Clerici.

Finalmente, Diego no está solo, sabe que hay más niños genios dispuestos a discutir de Física Cuántica y del número de estrellas en el cielo. No sólo lo sabe porque lo vio en la película, sino porque Ana Sofía le abrió un mundo de posibilidades.

Ahora, su próxima misión será juntar a todos los niños genios en el Parque Madero para que puedan convivir juntos. Se preocupa por el presente, y, a lo mejor, como dice su frase, el futuro que viene le alegrará mucho.

 

Nota30102016r02 1“Mi mamá no me dejó hacer la revolución” 

Diego y su amigo comenzaron a idear un plan para escapar del parque, que estaba rodeado por Emiliano y sus amigos, quienes pretendían dejarlos encerrados. Llegó a su casa y pensó durante una semana hacer una revolución.

“Estaba pensando hacer escudos para todos los que son molestados por gente como Emiliano. Pero mi mamá no me dejó hacer la revolución”, fustiga el menor.

Las palabras de Diego esconden dos temas de trasfondo en los niños genios: uno es el bullying que sufren regularmente, y el otro, es la gran conciencia social y ambiental que desarrollan.

Son rasgos reconocibles entre los niños genios, según el informe del Ceda, “El perfil del sobredotado en México”, y que Diego lo ha vivido en carne propia. 

Sus compañeros se burlan de su condición y lo molestan diciéndole que es muy pequeño de estatura. Diego volvió a los dos días con una exhaustiva investigación documental sobre los personajes de baja estatura que han sido exitosos en la historia, y con un estudio del Albert Einstein College of Medicine, que comprobaba que las personas altas tienen menos años de vida.

También dejó de mostrar sus capacidades de aprender, para que no lo llamaran “raro” en clase, y comenzó a bajar de promedio.

“Un día el vecino cortó los árboles y Diego fue a reclamarle por qué lo había hecho. A mí me regañaba cuando cortaba hojas de su cuaderno.

Siempre está defendiendo también a sus compañeros. Los niños genios como Diego, tienen un gran sentido de la justicia y están muy preocupados por el medio ambiente”, refiere Mercedes.

Desde hace varios años, la madre del menor ha buscado programas que atiendan a niños genios como Diego, pero ni en escuelas públicas ni privadas hay programas para potenciar sus capacidades, dice la madre, ni asociaciones civiles que los ayuden.

Están a la deriva y de seguro esta familia no es la única.

Nota30102016r02 3Números

Muchos
1 millón de niños genios hay en México, según un estudio del Cedat.

Minoría
4% de los niños genios conservarán sus aptitudes cuando sean adultos.

Coeficiente
146 puntos es el coeficiente intelectual de Diego Fernández Villela.

Ejemplo
160 puntos de coeficiente intelectual tiene Stephen Hawking.

 

EXP/AA/RG/OCT/2016