ÁLAMOS, SON.- La entrada de Álamos contiene los colores de la diversidad. En un costado a la carretera está el Mercado de artesanías que cada tarde brinda un espectáculo cultural, gastronómico y simbólico para los visitantes al Festival Alfonso Ortiz Tirado.

El comal sobre la ladera resiste tres ruedas de masa, que untadas de frijol y atiborrada de carne espera a los comensales para su nuevo destino. Las mujeres transforman la masa con sus manos oscuras, con nervaduras en los bordes de sus dedos y manos reacias.

Junto a ellos, el patrimonio simbólico mayo encuentra su lugar en mesas dispuestas que ofrecen máscaras de chapayecas, tenábaris y tambores tradicionales que se fusionan con nuevas visiones del mundo al convivir con los cánticos purépechas.

Las mujeres sentadas que aplaudían cada melodía asentían lo que los músicos decían: que ser indígena no era una vergüenza. Claro que no, contestaron las mujeres y después, comenzó el bailongo.

La trompeta, el saxofón, la guitarra, el tololoche y la  guitarra en connivencia con el zapateo de los presentes entonaban la canción de la diversidad, esa melodía por la que luchan los pueblos, dijeron los cantantes mientras el baile daba tregua.

Esta es una tarde en el Mercado de artesanías en el pueblo mágico de Álamos.