nota31102016r02CIUDAD DE MÉXICO.- Hay juegos de video que son divertidos y adictivos; hay otros que, además, ayudan a los niños a aprender a trabajar en equipo, resolver problemas, mejorar su autoestima y comprender mejor las materias de Ciencias Naturales y Matemáticas.

Esto es lo que han aprendido los estudiantes del American Institute of Monterrey, en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, quienes participan en un Club de Minecraft desde hace tres años. A partir del próximo ciclo escolar llevarán sus clases de Tecnología y Ciencias apoyándose en un programa educativo diseñado por la escuela a partir de este videojuego.

Patricia Romero García, docente de sexto grado, responsable de Tecnología Educativa de este colegio privado y creadora del Club de Minecraft, explicó que en su escuela la integración de las nuevas tecnologías de la información ha sido fundamental en la formación de estudiantes de cuarto, quinto y sexto grados.

A la escuela le ha servido para mejorar el aprovechamiento escolar en las materias “duras”, pero también para reforzar competencias en los pequeños como la comunicación, el trabajo en equipo y la autoestima.

Patricia creó el club en su escuela cuando se dio cuenta de que sus alumnos habían desarrollado una fuerte afición por este juego. En la escuela los niños tienen acceso a tabletas electrónicas y cada oportunidad que tenían la usaban para jugar. Cuando el juego comenzó a convertirse en un problema, la maestra pensó en una forma de sacarle provecho e integrarlo en el proceso de aprendizaje de sus estudiantes.

La importancia de los videojuegos no se limita a uno en particular. De acuerdo con el reporte del Instituto Federal para las Telecomunicaciones Estudios sobre oferta y consumo de programación para público infantil en radio, televisión radiodifundida y restringida, 34% de los niños mexicanos poseen una consola de videojuegos y prefieren los géneros de aventura, guerra, luchas y carreras de autos.

“A veces era un problema porque los niños jugaban cuando no debían. Entonces pensé en hacerlo al revés, en vez de prohibirlo, utilizarlo de manera positiva. Empecé el club con algunos alumnos: ellos creían que iban a estar jugando Minecraft todo el tiempo, pero en realidad estaban desarrollando competencias para el siglo XXI: comunicación, pensamiento crítico y colaboración”.

Estrategia

El Minecraft es un juego que pide a los participantes realizar construcciones libres con bloques, cuya textura es tridimensional. En el juego pueden explorar el entorno, recolectar recursos y crear objetos con distintas utilidades, así como combatir con criaturas u otros jugadores.

Patricia pasó de ser maestra a facilitadora: el club se convirtió en un proyecto conjunto en el cual los estudiantes aportaban el conocimiento y la experiencia principal (cómo se juega), y la docente proponía actividades para reforzar a través del juego y el trabajo en equipo los contenidos de algunas materias (como Matemáticas y Ciencias Naturales).

Su primer proyecto fue construir su escuela a escala, pero en el mundo virtual: para lograrlo, los niños aplicaron los conocimientos adquiridos en clase de Matemáticas, además del pensamiento crítico para realizar mediciones y escalarlas al juego, de forma que el campus virtual tuviera coherencia con el de la realidad.

Después de tres años de haber instaurado oficialmente el Club de Minecraft (un videojuego que les ha servido para regularizar a estudiantes con problemas académicos y fomentar la integración de los grupos), el juego y la tecnología se incorporarán definitivamente al programa curricular del colegio.

“Los maestros se preguntan cómo van a evaluar o calificar a los niños a partir del juego: se califica la colaboración de equipo, resolución de problemas, producto final (que se cumplan los requisitos)”.

“Por ejemplo, hicimos un simulacro de desastres naturales que afectan a nuestra comunidad, ellos tuvieron que investigar qué es un desastre natural, cómo se puede evitar, qué es un deslave y ahí evaluamos los conocimientos en ciencias. De pasar a ser nada más las competencias para el siglo XXI, ya estamos evaluando la aplicación de conceptos que se están enseñando en la clase de ciencias”.

El Universal / EMEG 31/10/16