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Cuando Marissa Mayer era joven, quería convertirse en neurocirujana. En vez de ello, entró en la industria de la tecnología y fue llamada para realizar un tipo diferente de operación salvadora, al ser contratada en 2012 para revivir a Yahoo, el gigante de Internet enfermo.

Su papel como jefa de Yahoo ha traído consigo un salario sustancial y abundantes reveses, el último de los cuales ocurrió el 20 de octubre, cuando la compañía reportó utilidades trimestrales por debajo de las expectativas de los analistas.

El esfuerzo de tres años de Mayer para salvar a Yahoo no ha resultado en la recuperación que muchos habían estado esperando. Cuando fue contratada haciéndola salir de Google, donde había sido ingeniera y una de las primeras empleadas, disfrutaba de reportes de prensa favorables. Se dice que los empleados de Yahoo, para darle la bienvenida como nueva líder, hicieron carteles de “Hope” (esperanza) como los de la campaña presidencial de Barack Obama, con el rostro de Mayer en lugar del de Obama.

Yahoo fue alguna vez una enorme compañía de Internet, pero perdió terreno ante rivales más innovadores y pasó por cuatro directores ejecutivos en los tres años que precedieron a la llegada de Mayer, desmoralizando a los empleados y los inversionistas. Quizá las expectativas fueron demasiado altas para la joven, ambiciosa y mediática nueva jefa.

El precio accionario de Yahoo ha subido más del doble desde que ella asumió, pero eso ha tenido que ver mayormente con la participación accionaria de la compañía en la compañía de Internet china Alibaba, la cual compró por apenas mil millones de dólares en 2005. Los inversionistas han visto a Yahoo como una forma de tener exposición a Alibaba, que empezó a cotizarse públicamente apenas el año pasado. Yahoo vendió parte de su participación accionaria en 2014 y está desprendiéndose del resto formando una compañía separada. Mayer espera evitar los impuestos de la transacción, pero recientemente la autoridad fiscal deEstados Unidos ha proyectado dudas sobre esa posibilidad.

Los ingresos han bajado

Cualquiera que sea el resultado, Yahoo pronto será un cascarón de lo que es hoy. Actualmente tiene una capitalización de mercado de 31,000 millones de dólares, pero su actividad central vale solo una décima parte de eso. La mayor parte de su valor de mercado se origina en sus participaciones accionarias en Alibaba y Yahoo Japan, una compañía separada.

Desde que Mayer tomó el timón en Yahoo, los ingresos y las utilidades han caído. Este año, la compañía probablemente tendrá ingresos de 928 millones de dólares previo a impuestos, una reducción del 45 por ciento desde 2012 y la cifra más baja en una década, según Mark Mahaney de RBC Capital, un banco de inversión.

Mayer se ha enfocado en hacer a los productos de Yahoo más vistosos y en expandirlo en áreas en las que había sido débil, como las redes sociales y la publicidad móvil. Ha gastado unos 2,200 millones de dólares en acuerdos, comprando Tumblr, una plataforma de blogs, y Brightroll, una firma de publicidad en video. No obstante, la participación de Yahoo del gasto en publicidad en línea ha declinado, mientras la de rivales como Facebook y Google ha aumentado.

Como la tercera plataforma de Internet más grande en Estados Unidos, después de Google y Facebook, Yahoo tiene una escala considerable, pero no ofrece el mismo nivel de identificación de audiencia específica que sus competidores. En un reciente sondeo realizado por Ad Age y RBC, el cual pidió a los anunciantes que clasificaran a las plataformas en línea según su retorno de inversión, Yahoo quedó en sexto lugar detrás de Google, Facebook, YouTube, Twitter y LinkedIn.

Mucha rotación de personal

Algunos observadores dicen que fue un error contratar a alguien sin experiencia en dirigir una compañía y sin experiencia en o aprecio por la industria de la publicidad. Recientemente, Yahoo ha experimentado un alto grado de rotación entre la administración superior y los empleados.

El panorama sombrío de Yahoo es más notable cuando se le compara con el de AOL, que fue adquirido por Verizon por 4,400 millones de dólares en junio. Como Mayer, el jefe de AOL, Tim Armstrong, alguna vez trabajó en Google, y ambos intentaban darle la vuelta a ex gigantes del Internet que habían caído en tiempos difíciles. Sin embargo, según Brian Wieser de Pivotal Research, Armstrong fue más audaz al invertir en áreas de crecimiento, principalmente contenido distintivo, video y tecnología que permite la publicidad enfocada.

Cuando Yahoo se quede sola, sin el colchón de una inversión china inteligente hecha por un predecesor, pudiera convertirse en blanco de compañías más grandes. Firmas de capital privado, atraídas por los 5,700 millones de dólares en efectivo de Yahoo, pudieran hacer sus ofertas, al igual que poderosas empresas de telecomunicaciones y medios.

Mayer bien podría dar la bienvenida a la oportunidad de hacer una salida elegante. En los negocios, a diferencia de las cirugías, uno puede retirarse antes de terminar de operar.

© 2015 Economist Newspaper Ltd, Londres 24 de octubre, 2015. Todos los derechos reservados.

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Los ingleses tienen Silicon Fen y Silicon Roundabout, los escoceses tienen Silicon Glen. Berlín se jacta de su Silicon Allee y Nueva York de Silicon Alley.

Pero el cerebro del mundo tecnológico es el ecosistema ubicado en y alrededor de San Francisco. Los emprendedores y los innovadores así como los tecnólogos y los inversionistas de Silicon Valley están ocupados revolucionando casi todos los aspectos de la economía mundial.

Un lugar bautizado con ese nombre por su habilidad en la fabricación de semiconductores a rebosar de silicio está transformando la manera en que las empresas toman decisiones, la gente hace amigos y los manifestantes causan alboroto. Las empresas emergentes tocan a muchas personas, más rápidamente que nunca antes.

Airbnb, una firma nacida hace siete año que ayuda a las personas a convertir sus casas en hoteles, opera en 34 mil localidades y ciudades en todo el mundo. Las empresas “a demanda” como Uber están cambiando lo que significa ser un empleado.

Efectos de la red

Al igual que las grandes plataformas como Google, Facebook y Apple se benefician de los “efectos de red”, porque cada nuevo usuario hace al servicio más valioso para todos los demás, así el éxito de Silicon Valley como un sitio para el lanzamiento, financiamiento, búsqueda de personal y venta de una firma tecnológica se alimenta a sí mismo.

Como resultado, el capitalismo estadounidense tiene un nuevo centro de actividad en el oeste. Wall Street era el lugar para buscar fortuna y hacer acuerdos; ahora, cada vez más, lo es Silicon Valley. 

Las compañías tecnológicas del área tienen un valor de más de 3 billones de dólares. El año pasado, uno de cada cinco graduados de escuelas de administración estadounidenses se dirigió hacia la tecnología. 

Jamie Dimon, el jefe de JPMorgan Chase, ha advertido de una creciente competencia para Wall Street. Goldman Sachs celebró en fecha reciente su reunión anual de accionistas en San Francisco.

Conlleva riesgos

La enorme y disruptiva creatividad de Silicon Valley no se ha visto desde la genialidad de los grandes inventores del siglo XIX. Su triunfo debe celebrarse. Pero la acumulación de tanta riqueza tan rápidamente conlleva riesgos.

La década de los 90 vio una burbuja financiera que terminó en un estallido espectacular. Esta vez, el peligro es el hermetismo. Los genios informáticos viven en una burbuja que aísla a su imperio del mundo a cuyo cambio tanto contribuye.

La economía de Estados Unidos sería duramente golpeada por una repetición de la sacudida financiera que siguió al desplome de las empresas punto-com en 2000. Como el índice Nasdaq  está cerca de su nivel más alto registrado, este es un temor común. Afortunadamente, aunque el dinero y el talento están fluyendo hacia Silicon Valley, no hay todavía tanto peligro de un estallido desastroso.

Eso es porque las compañías tecnológicas de hoy no sólo tienen modelos de negocios más sólidos que sus predecesoras punto-com (es decir, muchas realmente generan dinero), sino que también dependen de un grupo más pequeño de patrocinadores financieros.

Las empresas de hoy permanecen en manos privadas más tiempo. Las firmas tecnológicas que empezaron a cotizarse públicamente en 2014 tenían en promedio 11 años de antigüedad; en 1999 esperaban sólo cuatro años antes de enlistar sus acciones. 

Riqueza destruida

Recurrir a inversionistas ricos significa que el riesgo es soportado por personas que pueden permitirse tener pérdidas. Es fácil lamentar la declinación de la compañía públicamente enlistada (aun cuando los fundadores que las enlistan conserven un control firme), pero si las firmas tecnológicas no cumplen sus promesas, los inversionistas comunes tienen menos probabilidad de ver su riqueza destruida.

Seguir siendo empresas privadas permite a los emprendedores evitar los dolores de cabeza que conlleva la cotización bursátil la molestia de los inversionistas activistas, el trabajo pesado del cumplimiento, el ritual de los reportes trimestrales que termina destruyendo visiones. 

En teoría, un grupo pequeño de inversionistas es mejor que una multitud anónima de accionistas para asegurarse de que los administradores actúen en beneficio de todos los dueños de una empresa.

Pero seguir siendo empresas privadas también tiene riesgos. Uno es que las firmas bajo ninguna obligación de hacer público un conjunto completo de cuentas auditadas seguirá estando velada al escrutinio de los analistas y los vendedores en corto y por ello actuar de manera irresponsable.

Capital mal asignado

Los “unicornio” tecnológicos de Estados Unidos –firmas que han alcanzado una valuación de más de mil millones de dólares– tienen un valor de alrededor de 300 mil millones de dólares entre ellas. El peligro de que parte de este capital esté siendo mal asignado es alto.

El otro riesgo es que un círculo afortunado con gran riqueza se desconecte de todos los demás. Para un grupo que reescribe las reglas en una industria tras otra, eso es un peligro especial.

El imperio de los genios informáticos extrae su fuerza de una cultura de tecnoevangelismo que permite a los emprendedores reconsiderar los viejos sistemas y adoptar los nuevos. Muchos residentes de Silicon Valley creen que la tecnología es la solución a todos los males y que el gobierno es sólo una molestia que carece aún de un algoritmo.

Disfrutan sus aplicaciones

Hasta ahora, la relación del público con los magnates tecnológicos ha sido armoniosa en su mayor parte. Los consumidores disfrutan de sus aplicaciones para solicitar taxis, la transmisión continua de música y el software de reconocimiento de voz.

Sin embargo, irrumpir en industrias establecidas inevitablemente resulta en conflicto. Uber es la firma más envuelta en la controversia, ya sea enfrentando en las calles a taxistas con licencias o demandas en los tribunales de sus propios conductores.

Los reguladores europeos también están escudriñando a empresas como Facebook y Google por todo, desde inquietudes antimonopólicas hasta la protección de datos. Y se ha informado que los reguladores estadounidenses están analizando si Apple ha abusado de su influencia en la industria de la música.

Los críticos a menudo proceden de industrias que quieren proteger sus privilegios; el comportamiento agresivo de los genios informáticos a veces es parte de la destrucción creativa que conduce al progreso. Pero esa no es la única fuente de enojo. Silicon Valley también domina los mercados, succiona el valor contenido en los datos personales, y erige modelos de negocios que generan dinero en parte evadiendo impuestos.

Evasión de impuestos

Hay un riesgo de que los consumidores mundiales se sientan explotados y que los efectos de una base fiscal en contracción enfurezca a los votantes. Si se arraiga la percepción de que las enormes utilidades generadas por explotar los datos y el evadir impuestos se cristalizan en las fortunas de unas cuantas personas que viven en una extensión de terreno cercana a San Francisco, entonces habrá una reacción negativa.

Las empresas de Silicon Valley difícilmente son las únicas que presionan contra los impuestos y la regulación. Son libres de operar como les plazca dentro de la ley. Pero corren el riesgo de convertirse en blancos porque son demasiado globales. 

Deberían recordar que la ley puede cambiar. Si quieren un asiento en la mesa de negociaciones cuando suceda, necesitan ser parte de los mercados en los cuales venden, no aislarse de ellos. Incluso las empresas privadas dirigidas por genios necesitan una licencia de la sociedad para operar.

En el mejor de los casos, Silicon Valley es una expresión de la libertad y la creatividad iconoclastas. Sería una terrible pena si se convirtiera en una manifestación impopular y remota de elitismo.

© 2015 Economist Newspaper Ltd, Londres 25 de julio, 2015. Todos los derechos reservados.

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Sonrisas y apretones de mano por todas partes. El 13 de julio, los jefes de General Motors y el United Automobile Workers (UAW) iniciaron negociaciones para el contrato laboral, las cuales ocurren cada cuatro años, entre los “Tres Grandes” fabricantes de autos de Detroit y el sindicato que representa a 140,000 de sus trabajadores.

Hubo pocas sonrisas cuando el UAW negoció el anterior acuerdo salarial, en 2011. Los fabricantes de autos seguían padeciendo los efectos de la crisis financiera, que llevó a GM y Chrysler a la bancarrota; un destino que Ford eludió por poco margen. En ese entonces, el sindicato estaba de ánimo conciliador. Ahora que las operaciones están en auge, el UAW quiere una parte del botín.

La industria automovilística de Estados Unidos está de regreso. Más de 17 millones de vehículos salieron de las líneas de producción de las concesionarias este año, cerca del nivel más alto de todos los tiempos. Las Tres Grandes están amasando efectivo; entre ellas tuvieron utilidades netas de más de 7,000 millones de dólares en 2014. El UAW afirma que las concesiones que hizo en 2007, cuando los fabricantes de autos ya estaban en un profundo hoyo financiero, y de nuevo en 2011, son parte de la razón de que los buenos tiempos hayan regresado y que es de esperarse una recompensa.

Dennis Williams, el líder del UAW, tiene un par de objetivos. Uno es elevar los “salarios estancados”. Aunque los trabajadores han recibido bonificaciones y participación de las utilidades, el salario básico no se ha elevado en una década. El sindicato también quiere cerrar la brecha salarial entre los trabajadores que ya estaban laborando en 2007 y el “segundo grupo” contratados posteriormente, otra concesión hecha por el UAW para ayudar a los fabricantes de autos a permanecer en operación.

GM, Ford y Chrysler (que se ha fortalecido al fusionarse con Fiat) aceptaron que tendrán que conceder modestos aumentos salariales y al menos empezar a cerrar la brecha entre los dos grupos de empleados. A cambio, quieren encontrar formas de estimular la productividad para compensar los aumentos salariales. También seguramente demandarán ayuda con la atención médica trasladando más de los costos de los programas a los trabajadores. Quieren hacer recortes ahora porque en 2018 enfrentarán la imposición de un impuesto, llamado de manera apropiada el “Cadillac”, una estipulación de la Ley de Atención Médica Asequible que impone un fuerte gravamen a los empleadores que ofrezcan seguros de salud generosos.

Los fabricantes de autos se quejan de que sus cuentas salariales siguen siendo más altas que las de muchos rivales extranjeros que han optado por fábricas no sindicalizadas en Estados Unidos en las últimas tres décadas y han quitado participación de mercado a los tres de Detroit. Los fabricantes de autos nacionales argumentan que para que puedan hacer las inversiones requeridas para salvaguardar los empleos y cumplir con estándares de emisiones más estrictos – así como introducir la conectividad y desarrollar vehículos autónomos _, otros costos tendrán que seguir bajo control.

También quieren una fuerza laboral más flexible y la capacidad para cerrar plantas cuando los buenos tiempos se vuelvan malos. El “banco de empleos”, que permitió a los trabajadores despedidos seguir cobrando salarios completos indefinidamente, fue cerrado en 2009, pero aún hay generosas estipulaciones para los trabajadores automovilísticos desempleados. GM, por ejemplo, pagará 75 por ciento de sus salarios por un año y 50 por ciento por otros 12 meses. Si, como prevén algunos analistas, la compra de autos está en su máximo nivel y se estanca o declina en los próximos años, eso pudiera resultar costoso.

Williams es un pragmático que reconoce que ayudar a los fabricantes de autos de Detroit a resistir a las fuerzas competitivas es la mejor manera de conservar los empleos. Sin embargo, será difícil que el UAW haga más concesiones que miembros más beligerantes resientan. El sindicato necesita dar a sus miembros la apariencia de que pelea duro.

La legislación del “derecho a trabajar”, en vigor en Michigan desde 2013 y en otros estados donde operan los fabricantes de autos, evita que los sindicatos obliguen a los trabajadores a seguir siendo miembros, potencialmente debilitando la influencia del UAW.

Un buen acuerdo también fortalecería la mano del UAW en su batalla por sindicalizar las plantas de fabricantes de autos extranjeros en el sur del país y conseguir nuevos miembros. La campaña del sindicato para representar a los trabajadores de Volkswagen en Chattanooga, Tennessee, probablemente se gane a los empleados si sabe negociar. Pero si lo hace demasiado bien, la administración de VW se sentirá menos inclinada a reconocer voluntariamente al UAW.

Los equipos negociadores tienen hasta mediados de septiembre, cuando expira el contrato actual, para forjar un nuevo acuerdo. Y el UAW tiene un arma que blandir a la cual renunció voluntariamente después de los rescates gubernamentales de 2009: el derecho a la huelga. Williams dijo que hacerlo sería una señal de fracaso. Al menos, reconoce que los destinos de su sindicato y de los fabricantes de autos están entrelazados. Desafortunadamente, eso no hace más fácil forjar un acuerdo que ambas partes consideren una victoria.

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La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, llegó antes de las 18:00 de este martes a esta capital para una breve visita oficial y una reunión con su par ecuatoriano Rafael Correa antes de la cumbre de mandatarios de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños el miércoles.

Correa y Rouseff tienen previsto reunirse durante dos horas en el palacio de Carondelet, sede del gobierno ecuatoriano, para adelantar temas como el corredor interoceánico Manta-Manaos, inversiones, la creación de cadenas productivas y la coyuntura de la economía mundial.

La mandataria llegó acompañada del canciller Mauricio Vieira; el ministro de Desarrollo y Comercio Exterior, Armando Monteiro; y el asesor especial para Asuntos Externos, Marco Aurelio García.

En su primeras declaraciones aseveró que Brasil y Ecuador "tenemos una relación muy próxima, muy solidaria y nosotros esperamos la cooperación entre nuestros dos países para mejorar las condiciones de vida de nuestros pueblos".

Correa salió a la calle próxima al palacio de gobierno para recibir a Rousseff, que fue saludada por decenas de ecuatorianos que estaban en el lugar.

Para el miércoles está programada la cuarta Cumbre de la Celac, que tendrá entre sus temas centrales la lucha contra la pobreza en la región, la crisis económica por la baja de los precios de buena parte de las materias primas y asuntos relacionados con la paz en Colombia y las elecciones en Haití.

Los cancilleres de ese bloque integrado por 33 países, 22 de cuyos presidentes han confirmado la asistencia a la capital ecuatoriana, ya comenzaron este martes la reunión preparatoria. (I)

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Como la economía de Brasil se encamina a una contracción del 1.5 por ciento este año y los empresarios brasileños están más preocupados por la supervivencia que por la expansión, Dilma Rousseff, la presidenta del país, se inclina por fomentar la inversión extranjera.

Me he convertido en una especie de vendedora viajera”, dijo recientemente, entre un viaje a Estados Unidos y otro a Italia.

Rousseff está promoviendo concesiones para mejorar y operar partes importantes de la infraestructura, incluidos aeropuertos, puertos, ferrocarriles y carreteras. Espera atraer 198,000 millones de reales (69,000 millones de dólares) en total, incluyendo 70,000 millones de reales antes de que deje la presidencia, en 2018.

La infraestructura de Brasil es escasa y está deteriorada. El Foro Económico Mundial clasifica al país en el sitio 120 entre 144 países por su calidad en general. Las carreteras y aeropuertos están especialmente en ruinas. La red ferroviaria es de apenas una octava parte del tamaño de la de Estados Unidos, país comparable en tamaño.

Con un gran déficit presupuestario y altos costos de endeudamiento, el gobierno no está en posición de impulsar sus propias inversiones. Así que Rousseff ha dejado de lado sus instintos izquierdistas para cortejar a la inversión privada.

Es palpable el escepticismo entre los financieros, extranjeros y nacionales por igual. El apetito de los extranjeros por los activos brasileños está menguando: la inversión directa extranjera ha bajado de 39,300 millones de dólares en los primeros cinco meses de 2014 a 25,500 millones de dólares este año. Eso pese a una moneda debilitada, 20 por ciento más abajo frente al dólar desde enero, lo cual hace a los activos brasileños más baratos para los extranjeros. Alberto Ramos, del banco de inversión Goldman Sachs, espera solo 55,000 millones de dólares para todo este año, poco más de la mitad de la cifra del año pasado.

En general, la inversión en la economía ha estado cayendo durante siete trimestres consecutivos. Representa apenas 19.7 por ciento del PIB, muy por debajo del nivel en otras grandes economías emergentes.

Carlos Rocca de Ibmec, una escuela de negocios, ha encontrado que entre 2010 y 2014 las utilidades de las firmas no financieras colapsaron de alrededor de 5.4 por ciento del PIB a solo 1.4 por ciento, abrumadas principalmente por los crecientes costos laborales. Si se suma el efecto debilitador del crecimiento de los impuestos más altos y el gasto público recortado – necesarios para equilibrar el presupuesto y evitar una dolorosa degradación de calificaciones _, “es difícil ver cómo van a repuntar las inversiones”, dijo Daniel Leichsenring de Verde, un fondo de cobertura en São Paulo.

La última vez que el gobierno buscó atraer al sector privado con concesiones, en 2012, atrajo una quinta parte de los esperados 210,000 millones de reales, y solo después de que Rousseff renunciara a tratar de microadministrar las tasas de rendimiento. Peor aún, las oportunidades más atractivas, como operar los aeropuertos internacionales de São Paulo y Río de Janeiro, fueron vendidas en esos días.

El gobierno debería tener pocos problemas para encontrar compradores para autopistas y aeropuertos en ciudades medianas. La mayoría ya están construidos y generando efectivo, pero necesitan ser ampliados y operados más eficientemente. Después de casi dos años de deliberaciones, el interventor nacional, vigilante de la responsabilidad gubernamental, finalmente ha aprobado la venta de terminales de carga en puertos propiedad del Estado. Se prevé que las primeras subastas sean este año.

Pero, como antes, la mitad de la inversión esperada está en los ferrocarriles. Los planes parecen sospechosos; especialmente un esquema de 40,000 millones de reales para vincular a Brasil con el Pacífico vía Perú, que será financiado en parte con dinero chino. No ayuda que muchas grandes empresas de construcción brasileñas sean parte de conglomerados inmersos en un escándalo de corrupción que rodea a Petrobras, el gigante petrolero controlado por el Estado.

Además, una mejor infraestructura no es la panacea para Brasil. Como lo señala Dani Rodrik de la Universidad de Harvard, un país donde los servicios conforman más del 70 por ciento del PIB no debería seguir contando como un impulso tan grande para el crecimiento gracias a un mejor transporte como lugares más industrializados.

Para incrementar la decadente productividad y promover el crecimiento futuro, Brasil necesita mejores escuelas, impuestos más sencillos y menos papeleo, no solo más carreteras. Rousseff no ha abordado ninguno de estos aspectos. Hasta que lo haga, Brasil seguirá siendo difícil de vender, tanto nacionalmente como en el extranjero.

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