Alguna vez le di a un nuevo colega mi consejo extraoficial respecto a cómo sobrevivir a un jefe difícil. Sin embargo, tan pronto como dejé su oficina, me preocupé pensando que había sido indiscreta, volviéndome vulnerable en el proceso. Afortunadamente, mi nuevo colega resultó ser digno de confianza y apreció mi aporte. Sin embargo, habiéndolo hecho yo misma, me preguntaba si alguna vez vale la pena arriesgarse en adoctrinar a un nuevo colega, incluso cuando usted tiene buenas intenciones.

Sí, dice Judith White, profesora visitante en la Tuck School of Business de Dartmouth, pero sólo en ciertas situaciones. “Si es parte de la socialización, es algo útil,” explica.

Entonces ¿cómo saber si debería brindar la información interna de las intrigas en la oficina?

Primero, verifique sus motivos. “Si alguien le está ayudando a aprender las reglas no escritas de la organización, para que usted trabaje de forma más efectiva, es algo bueno,” señala White. sin embargo, ese instinto de ayudar a un colega puede volverse peligroso si usted está tratando de reclutar a alguien para que se una a su grupo extraoficial. Incluso si sus intenciones son positivas, debe de respetar los límites y ser consciente de cómo el compartir la información se refleja en usted.

Los riesgos
Esto no implica decir que el compartir chismes siempre es destructivo para un entorno laboral. De hecho, prácticamente todos lo hacen, de acuerdo con Giuseppe Labianca, un profesor de administración en la University of Kentucky. “Los chismes pueden ser muy útiles para las personas dentro de las organizaciones, especialmente cuando el flujo de información desde las altas esferas queda atorado, como suele suceder cuando las compañías se encuentran en crisis o experimentando cambios,” explicó Labianca en su artículo para Harvard Business Review, “No es poco profesional el chismear en el trabajo.” “Si unas cuantas personas saben lo que realmente está sucediendo, el chisme se convierte en la forma de llevar esta información a todos los demás. Más aún, la investigación muestra que los chismes suelen reducir la ansiedad de los individuos y ayudarlos a lidiar con incertidumbre.”

Aun así, Labianca advierte que el ser conocido como el chismoso puede afectar su carrera. No sólo los gerentes suelen asumir que cualquier chisme es negativo, sino que tienden a darle menores calificaciones a los empleados con fama de difundirlos.

Finalmente, considere si es que lo que usted diga podría revertirse. “Si es información que conocen todos los que trabajan ahí, está bien,” explica White. “Pero si se trata de compartir información privilegiada, no es algo bueno.” Usted no sabe lo que su nuevo colega podría decirle a otros, exponiéndolo a usted y probablemente dañando su reputación.

(Karen Dillon es la autora de la "HBR Guide to Office Politics”.)

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