cielo presagio panamaPANAMÁ, PAN (BIP).- Desde temprano se sabía que sería un partido complicado, la lluvia que cayó desde las primeras horas del día, martes de quincena y un tráfico generalizado por toda la ciudad.

Era un día muy especial en Panamá, su selección nacional enfrentaría a México en la segunda jornada de la eliminatoria para la Copa del Mundo Rusia 2018.

En puestos callejeros y tiendas de la ciudad se vendían los uniformes panameños, desde 15 dólares hasta 50, los oficiales, y las banderas se podían adquirir desde un dólar, las más grandes rondaban los veinte dólares.

Desde las cuatro de la tarde, 14:00 horas de Sonora, las calles de Panamá eran un gran caos vial, la lluvia no dejaba de caer y los limitados accesos al estadio "Rommel Fernández" las filas de automóviles, varios de ellos con banderas ondeando, eran interminables por kilómetros.

Por las angostas rúas los carros se aventaban para no ceder ni un metro, pero lo más caótico fue alrededor de las instalaciones deportivas en donde está incrustado el estadio.

En el estacionamiento del inmueble la música sonaba a volumen muy alto y la llovizna se transformaba en brisa para aumentar la humedad en el anochecer panameño.

Varias mareas rojas subían por las rampas del estadio y en las gradas la gente continuaba la fiesta que llevaba varias horas de haber iniciado.
El interior del estadio lucía la iluminada alfombra verde del césped, que contrastaba con el rojo de los 26 mil aficionados que no dejaban de cantar y aplaudir "Vamos, vamos a ganar", y coreográficamente brincaban rítmicamente y celebrar cada aproximación de su selección.