MARCO ANTONIO FLOTA
Ay Baeza
Pero en Chihuahua, ante la decisión
del gobernador Reyes Baeza
de cambiar la sede de los poderes a
Ciudad Juárez, para frenar la ola de
violencia, la exclamación unánime
fue: “¡Ayyyy, Baeza…!”
Y es que, en tal caso, Enrique
Peña Nieto tendría que cambiar
la capital mexiquense de Toluca a
Chalco para conjurar la inundación
(otra solución sería pedirle al obispo
don Onésimo que bendiga las aguas
negras, para que no provoquen daño,
pero el pelao… digo: el prelado se
fue desde el viernes a la corrida de
aniversario de la Plaza México, ligó
la del domingo y es hora en que no
aparece por su diócesis).
El mandatario de Nuevo León tendría
que mudar su ofi cina de Palacio
de Gobierno a la casa de su antecesor,
Natividad, y el de Guanajuato
cambiar a San Francisco del Rincón
la capital, no los poderes porque ahí
ya están: en el rancho donde reside
Martita y le hace segunda Fox. En
cambio, Fidel Herrera regresará
la capital a Jalapa la próxima semana,
porque todo su gobierno está en
el puerto de Veracruz, armando, el
carnaval que arranca mañana miércoles.
Pero en el caso del gobernador de
Chihuahua lo interesante no fue tanto
el anuncio de trasladar los poderes
a Juárez, ciudad de la cual Juanga
es hijo putativo -adoptivo, mentes
venenosas- sino su denuncia de que
el presidente Calderón ha demostrado
mayor interés en el asunto del
futbolista Salvador Cabañas, que
en combatir la violencia que fl agela
a la frontera.
Bueno, efectivamente, don Felipe
se comunicó de inmediato con
el Presidente de Paraguay para prometerle
que el victimario de su compatriota
será castigado. Incluso se
acordó de que el Procurador del DF
es su subordinado, aunque obedezca
más a Marcelo Ebrard, y le ordenó
esclarecer los hechos.
No le puso a Cabañas como
médico de cabecera a su secretario
de Salud, doctor Córdoba, porque
está muy ocupado combatiendo la
influenza e incrementando su infl
uencia para lograr la gubernatura
de Guanajuato. Pero debe haberle
pedido a su secretario de Gobernación,
Gómez Mont, que se olvide de
lograr las alianzas PAN-PRD para
derrotar al PRI y, en cambio, negocie
los triunfos del América en todos sus
partidos, para elevar el ánimo del
aguilucho herido.
Dispuesto todo lo cual, habrá emprendido
su gira a Suiza y el Japón,
ordenando no ser molestado con
noticias de nuevas matanzas del
narco, pero que sí se le notifi cara
inmediatamente cualquier cambio
en la salud de Cabañas.
Sí, el Presidente pudo haber actuado
así. ¿Y qué?
En un año eminentemente electoral
es más importante estar bien con
la afi ción futbolística, que atender a
los reclamos de la población que exige
marcarle el alto a la delincuencia.
Cuando en Ciudad Juárez sea agredido
algún jugador de su club de futbol,
los Indios, el Presidente estará
ahí para condenar la violencia. (Para
mayor seguridad, que los balaceados
sean todos los integrantes del equipo:
en conjunto, pueden alcanzar la
notoriedad de Cabañas)
Dejen de molestar, pues, al Presidente
los chihuahuenses y su gobernador.
Consideren, además, que la
mayoría de los mexicanos- o sea los
antiamericanistas- lo respalda: su
apoyo puede resultarle contraproducente
a las Águilas, como cuando
fue a echarle porras al Pachuca y se
coronó el Toluca en el torneo antepasado.