CIUDAD JUÁREZ, Chihuahua.-
Un impresionante cortejo
fúnebre de cientos de vehículos
que siguieron a siete
carrozas arribó al Panteón
San Rafael en esta frontera
para dar cristiana sepultura
a siete de las víctimas de la
masacre ocurrida el pasado
31 de enero.
Entre llantos y gritos de
dolor, las familias despidieron
a sus hijos, todos ellos de
entre 15 y 19 años.
Los reclamos de familiares
y vecinos, quienes desde
más temprano se habían
manifestado en contra del
gobernador José Reyes Baeza
Terrazas, continuaron en
esta última fase del duelo.
Patricia Dávila, tía de las
víctimas Luis y Marcos Piña
Dávila, encabezó a un grupo
que enfrentó con gritos y
reclamos al Gobernador de
Chihuahua para exigir que
se limpie el nombre de sus sobrinos,
a quienes una línea de
investigación ha vinculado
con el crimen organizado.
“Queremos justicia porque
ahorita fueron estudiantes
de preparatoria y universidades
los asesinados y mañana
serán niños de kínder”,
gritó la manifestante.
Entre las víctimas sepultadas
estaban los estudiantes y
deportistas Horacio Alberto
Soto Camargo, José Luis Aguilar
Camargo, Jesús Armando
Segovia Ortiz, José Adrián Encina
Hernández, y los hermanos
Luis y Marcos Piña Dávila.
Visita Gobernador
Durante el recorrido que el
gobernador de Chihuahua,
José Reyes Baeza Terrazas,
efectuó por las viviendas de
los familiares de las víctimas
para dar sus condolencias, fue
increpado por jóvenes que le
exigieron justicia y lo acusaron
de no tener vergüenza.
“Justicia, no tienes vergüenza”,
gritaron los jóvenes
al mandatario estatal.
El Gobernador prosiguió
su recorrido haciendo caso
omiso a los gritos.
Baeza Terrazas visitó por
espacio de 10 a 15 minutos cada
una de las seis viviendas ubicadas
en la calle Villa del Portal,
del fraccionamiento Salvácar.
El Gobernador se desplazó
bajo un intenso operativo de
seguridad y no se reportaron
mayores incidentes.
Mujeres, niños y adolescentes
confrontaron al mandatario
con cartulinas en las
que recriminaban la falta de
apoyo y solicitaban la colaboración
de las autoridades
estadounidenses, ya que no
confían en las corporaciones
locales.