MÁS DE 30 NIÑOS MUERTOS
El infierno se desató en Hermosillo y el fuego en esta ocasión fue inmisericorde, no dio tregua y no tuvo piedad de los bebés y los niños de la guardería ABC.
El lugar era un hervidero, todos corrían, se notaba un intenso dolor e incredulidad en todos los rostros.
Rudos hombres tenían lágrimas en los ojos.
En sus brazos, cuerpecitos inertes de pequeños cubiertos de ceniza.
El pelo y gran parte de su piel quemada, indefensos, sin oportunidad siquiera de llorar.